La cultura física para la militancia.

Desgraciadamente cada vez se le da menos importancia, pero en el mundo de un militante comunista el ejercicio y la práctica deportiva tienen un peso específico que no es sustituible por otro tipo de actividades. La formación de una persona, más si cabe en la de alguien que pretende ser un ejemplo para los demás, debe ser completa, debe ser una formación tanto intelectual como física.

La cultura física, que pretende que las personas estén sanas y en el máximo de sus posibilidades físicas y mentales para emprender cualquier tipo de actividad, tiene una importancia capital. El ejercicio físico a su vez ayuda a aguantar y destensar a la persona de una vida difícil, de sacrificios, de sufrimiento por la causa más justa que puede emprender un hombre: la emancipación de nuestra clase, el final de la explotación del hombre por el hombre. El ejercicio permite mantener a la persona centrada, apta para cualquier situación, predispuesta para actuar en el ámbito que sea necesario. En situaciones especialmente difíciles, como por ejemplo cuando se está en prisión, no hay más que ver los múltiples casos de comunistas que cuentan (no hablo pues solo de mi caso) como se han mantenido con la cabeza clara en la cárcel: mediante el estudio y la práctica de deporte, para mantenerse bien tanto mentalmente como físicamente. Porque para estar fuerte mentalmente también debes sentirte fuerte físicamente.

La cultura del deporte en la militancia también les aleja de caer en tentaciones y desviaciones pequeñoburguesas como son la adicción a las drogas, el alcohol, el juego, las apuestas, etc., un militante debe mantenerse alejado de estas degeneraciones, debe combatir y concienciar a quien haga apología de este tipo de vida, y más cuando son gente supuestamente militante que lo único que hacen es dar mal ejemplo y alejar a la gente normal de la lucha.

Debemos fomentar la vida sana, el estudio, la actividad física, confrontando este tipo de vida contra el de los adictos que solo intentan evadirse de su realidad, de su incapacidad para resolver sus problemas. Un adicto a los porros, al alcohol, a la cocaína… no puede ser un militante comunista, es una persona que debe ser ayudada a desengancharse de sus adicciones y que entonces a través de la formación pueda llegar a ser comunista. Muchas de estas personas intentan para ocultar sus adicciones dar lecciones sobre temas que le son ajenos supuestamente de todos los demás para encubrir sus propias adicciones, carencias y complejos. Son elementos inestables que necesitan ser ayudados y si no cooperan y se niegan a cambiar deben ser apartados hasta que su actitud cambie, pues se convierten en personas destructivas.

Es necesario fomentar que las organizaciones revolucionarias instauren la cultura del deporte, el estudio y el esfuerzo entre sus militantes, sino esas organizaciones se convertirán con el tiempo en algo inofensivo cuando no un apéndice del propio estado.

Juan Mesana.

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