Ante los nuevos fracasos del reformismo, independencia de clase para enfrentar al capital. Aporte a la Universidad Obrera desde Uruguay.

Por E. Gómez

Tal como se han acostumbrado, en los últimos tiempos varios han sido los sectores que ante la crisis del capitalismo en su fase imperialista concentraron sus esfuerzos al desarrollo del campo “antimperialista” entendiendo que esta labor sería la principal tarea del campo popular y los sectores revolucionarios en materia de trabajo internacional.

Ya desde comienzos del siglo pasado en una encarnizada lucha contra el socialchovinismo y las diferentes corrientes nacionalistas que intentaron penetrar en el movimiento obrero, los bolcheviques con Lenin a la cabeza afianzaron sus esfuerzos en el desarrollo de una estrategia con la cual el proletariado mundial estrecharía sus lazos de cara al enfrentamiento del imperialismo y sus representantes en la esfera política remarcando la necesidad de que el proletariado estreche lazos a nivel internacional sin conciliar con ningún Estado imperialista por más progresivo que éste se muestre. A partir de estos valores fue que el proletariado internacional enfrentó a los Estados partícipes de la guerra imperialista sin apoyar a ningún bloque dando a nacer a la internacional comunista en 1919 y estableciendo una táctica internacional para los partidos comunistas que daban a luz a lo largo y ancho del globo.

Contrarios a estos principios, los revisionistas de todo nivel claman hoy por el desarrollo de un “campo antimperialista” en donde aparentemente los imperialistas rusos y chinos, guiarán la lucha contra el imperialismo norteamericano, impulsando junto con ello el desarrollo económico de los países atrasados a través de su “ayuda” vía inversión extranjera directa y a través de un fortalecimiento de las relaciones comerciales entre estos Estados. Así es que varios partidos han clamado culto al accionar imperialista chino y ruso analizando con doble rasero el carácter de la IED, las instalaciones de bases militares y la compra/venta de armas.

Cabe destacar que en regiones enteras de África y Asia el imperialismo Chino con el apoyo de grandes bancos ha realizado inversiones gigantes para la extracción de los recursos naturales y compra de productos agrícolas que en variados casos, producto de la agricultura intensiva ha hecho inservibles grandes proporciones de tierra.

En América Latina y de la mano de los países “progresistas”, “antiimperialistas” y “populares” estas potencias imperialistas se han asegurado de grandes concesiones petroleras en Ecuador, Venezuela y Bolivia en donde también han realizado inversiones multimillonarias en la exploración y explotación del gas que se encuentra en ese país. También como efecto de la gran voracidad económica de China es que se ha producido el fenómeno del llamado “agronegocio” que ha desplazado a la producción ganadera y la plantación de alimentos en el campo para la producción de soja, gran negocio para los terratenientes y dolorosas cargas para el pueblo y el medio ambiente.

En el plano militar tampoco están exentos ya que han armado hasta los dientes a los aparatos represivos de la región (fundamentalmente a Brasil) a través de acuerdos multilaterales mientras buscan entrometerse en los conflictos de Medio Oriente donde también lucran y acceden a nuevos mercados aprovechando las desesperadas necesidades de los pueblos de esa zona.

Prueba colosal de este comportamiento ha sido la actitud del Estado cubano, histórico caballo de troya del imperialismo en los países subdesarrollados. Ejemplo de ello fueron las afirmaciones de Fidel Castro quien otrora haya impulsado la explotación neocolanial del CAME junto a otras políticas de explotación a los pueblos impulsadas por la Unión Soviética , abogó por el desarrollo de BRICS, un bloque económico y político compuesto por Rusia, China, India, Brasil y Sudáfrica.

“Los BRICS proponen una mayor coordinación macroeconómica entre las principales economías, en particular en el G-20, como un factor fundamental para el fortalecimiento de las perspectivas de una recuperación efectiva y sostenible en todo el mundo.

Anunciaron la firma del Acuerdo constitutivo del Nuevo Banco de Desarrollo, con el fin de movilizar recursos para proyectos de infraestructura y de desarrollo sostenible de los países BRICS y otras economías emergentes y en desarrollo…. El aporte que Rusia y China pueden hacer en la ciencia, la tecnología y el desarrollo económico de Suramérica y el Caribe es decisivo”

Contrariamente a lo que los revisionistas con Castro a la cabeza proclaman en boga de la subordinación de los pueblos para con los imperialismos en pro “de la proliferación de la paz y la derrota de imperialismo yanqui”, Lenin proclamó una y mil veces que las alianzas de los Estados imperialistas no hacen más que prepararse para la guerra de cara a un nuevo reparto que asegure grandes ganancias para los imperialistas a través de la subyugación de los pueblos.

Para comprender que en la fase actual, la fase del capitalismo agonizante, del imperialismo no hay capitalistas salvadores, basta con reproducir una breve cita de famoso folleto “Imperialismo, fase superior de capitalismo” que este año celebra sus 100 años de existencia:

 

“…las alianzas “interimperialistas” o “ultraimperialistas…sea cual fuera su forma: una coalición imperialista contra otra coalición imperialista, o una alianza general de todas las potencias imperialistas — no pueden constituir, inevitablemente, más que “treguas” entre las guerras. Las alianzas pacíficas preparan las guerras y, a su vez, surgen del seno de la guerra, condicionándose mutuamente, engendrando una sucesión de formas de lucha pacífica y no pacífica sobre una y la misma base de relaciones imperialistas y de relaciones recíprocas entre la economía y la política mundiales”.

Basta contrastar las palabras de Castro, principal apologista a las teorías del “antimperialismo” con la brillante exposición de Lenin para entender qué intereses defiende cada quien.

 

De la defensa del imperialismo a la promoción de las ideas del falso socialismo del SXXI

No es necesario presentar demasiadas pruebas para afirmar que desde la caída de la URSS y el agotamiento de los frentes de liberación nacional en contraposición al desarrollo del partido único del proletariado, los revisionistas han centrado sus esfuerzos en la promoción y consolidación de los procesos reformistas establecidos en América Latina y las ideas oportunistas del socialismo del SXXI. De esta manera, un sin fin de partidos y organizaciones han defendido a ultranza los procesos progresistas de Bolivia, Venezuela, Ecuador, Argentina, Brasil, Uruguay, Nicaragua, etc. los cuales a pesar de no trastocar en absoluto a los grandes capitales manteniendo los viejos sistemas económicos, consolidando y profundizando matrices productivas de dependencia con el imperialismo y las multinacionales, no demoraron en definir como Estados de transición al socialismo y ejemplos a seguir en los demás continentes.

En momentos en que las masas trabajadoras se forjaban en la lucha contra las políticas neoliberales de los años 90s y hacían su experiencia enfrentando las medidas de ajuste impuestas en la crisis económicas desatadas a comienzo de siglo, los “socialistas del Siglo XXI” bajo diferentes máscaras y nombres conquistaron la dirección con la ayuda de esas organizaciones (incluidos todos los partidos “comunistas”) y las centrales sindicales mayoritarias asegurando al capitalismo algunas décadas más de vida a través de reformas y medidas de corte netamente asistencialistas, muchas de ellas financiadas con la ayuda de los organismos multilaterales de crédito imperialistas como el BID, FMI, BM, etc.

Con el correr de los años se va demostrando el gran daño producido por este fenómeno en el seno del movimiento obrero que a partir de la influencia de los renegados de ayer y de hoy, se ató de pies y manos ante las mejoras económicas por lo que desbarataron en grandes proporciones a aquellas organizaciones de combate desarrolladas en las luchas de las décadas anteriores, se impulsó el quietismo y el seguidismo de las masas ante los caudillos de turno gestando a su vez el odio y el rechazo a las organizaciones revolucionarias que mostraron oposición a los gobiernos de reestructuración y salvataje del capitalismo acusándolas de “hacer el juego a la derecha”.

Luego de más de una década se ha demostrado que estas concesiones fueron producto de las cuantiosas ganancias gestadas por estos gobiernos gracias al alto precio de las materias primas en el mercado internacional y ante la necesidad de generar un reparto de riquezas tal de que la esperanza de los sectores populares en el capitalismo siga prosperando unos años más. Ahora, ante la caída abrupta de los precios del petróleo, la pérdida del mercado de la soja y el endeudamiento externo generalizado, los amigos de los oportunistas no dudan en realizar verdaderos ajustes fiscales como sus antecesores derechistas, o como en el caso argentino, ceden el gobierno a los representantes más descarados del capital financiero y le echan culpa por el resultado de sus políticas.

 

Ante la crisis del progresismo y su inminente hundimiento, unidad de los revolucionarios, aislamiento de los oportunistas.

El desarrollo de los acontecimientos ha dejado bien en claro qué intereses han defendido históricamente estos oportunistas.

En Brasil, el gobierno del PT se ha hundido en la corrupción para dejar el camino libre a los sectores más reaccionarios de ése país para que azoten sin piedad a las sectores del pueblo a través del recorte de los gastos públicos, la libre fijación de precios para los monopolios y el achique del salario a millones de trabajadores.

El gobierno del FPV en Argentina ya es historia mientas que los trabajadores y los estudiantes se movilizan en masa para frenar una política masiva de despidos, aumentos tarifarios y recortes en el Estado que amenazan con frenar el desarrollo de las instituciones públicas y la entrega de áreas claves de la economía a las multinacionales.

En Venezuela, el carácter progresista del proceso iniciado por Hugo Chávez se ha desvanecido por   completo. Luego de transcurridos 17 años, el gobierno “bolivariano” ha demostrado su completa ineficiencia a la hora de modificar la infraestructura capitalista de Venezuela, la cual ni siquiera fue capaz de diversificar.

Hoy, el chavismo sufre continuas agresiones por parte del imperialismo norteamericano y sus aliados dentro y fuera del país, accionar que sin lugar a dudas merece el total repudio de los revolucionarios a nivel mundial. A pesar de esto, es imposible negar que la crisis económica y política que hoy sufre en carne propia el pueblo venezolano no deja impune a la dirección burguesa y pequeñoburguesa del hoy PSUV que obliga hoy al proletariado de ese país la denuncia hacia las vacilaciones de gobierno de Maduro a la hora de expropiar los principales medios de producción saboteados por las fuerzas golpistas y entregársela a sus trabajadores como medida urgente para echar a andar la economía y terminar con los desabastecimientos como una consigna urgente.

Es la “revolución bolivariana” el ejemplo contemporáneo de las carencias del reformismo a la hora de transformar la sociedad lo que debe de reflotar indispensablemente las consignas históricas de la revolución proletaria.

Situaciones similares se empiezan a desenvolver en otros países como Bolivia y Ecuador que sin escapar de la crisis, sufren arremetidas electorales que amenazan las posibles reelecciones de los caudillos locales, mientras el rechazo popular a las políticas de ajuste empiezan a vislumbrarse en un panorama global que en el corto plazo se muestra bastante sombrío para los pueblos.

Es en este escenario en que la emancipación de los sectores revolucionarios y progresistas para con los oportunistas se pone encima de la mesa con mayor énfasis que nunca de cara a la generación de una vanguardia proletaria real, sin contemplaciones para con las burguesías nacionales metidas hasta el cuello con el capital financiero.

La crisis del reformismo a nivel mundial y su acentuada caída en América Latina demuestran una vez más la vigencia del Marxismo-Leninismo y facilitan su aceptación por parte de las grandes masas, que luego de hacer su experiencia con estos procesos, comprueban en la práctica qué los grandes bancos y los patronos no los salvarán de la miseria sino que se vuelve necesaria la movilización por un programa distinto que contemple sus necesidades. Ese programa no es más que el histórico programa comunista formulado por Marx y Engels y puesto en la práctica por primera vez bajo la guía de Lenin y Stalin.

Esta empresa jamás podrá desarrollarse manteniendo los compromisos con el oportunismo; ni el nacional, ni el de fronteras para afuera por lo que el abanderamiento en contra del “golpe” en Brasil, el llamado al pacifismo en relación a la situación venezolana en contra de bloqueo a Cuba*, etc. son banderas manchadas cuyo fin es la mera desviación del camino revolucionario en pro de la democracia burguesa y la manutención de los compromisos.

En este camino será necesaria una labor educativa incansable en el esclarecimiento de la situación sin dejar lugar a las posturas reaccionarias y nacionalistas; levantando un programa accesible que defienda el desarrollo de una economía de desarrollo ampliado de las fuerzas productivas, único medio para el sustento de un Estado de Democracia Popular que contemple las postergadas necesidades existentes en salud, vivienda, educación y obra pública, lo cual será financiado a través de la ruptura con los organismos multilaterales de crédito y la suspensión de los compromisos con éstos, así como la expropiación a las multinacionales, a los grandes capitalistas y a los terratenientes, principales responsables de la explotación, la miseria y la violencia que padecen día tras día los sectores populares.

El programa de la clase obrera y el pueblo debe difundirse sin descanso entre los vastos elementos desperdigados en centenares y miles de organizaciones sociales y sindicales muchas de las cuales son dominadas por completo por el oportunismo, tarea compleja que los comunistas deberán desempeñar sin ningún vicio sectario si se pretende llegar realmente a los amplios sectores del campo popular y avanzar en el necesario camino de proletarización del partido.

Finalmente, no hay que olvidarse del trabajo ideológico hacia dentro de las propias filas, minadas en este aspecto a causa del trabajo práctico voluntarista que continúa pululando en gran medida en las filas de la izquierda.

A pesar de que los revisionistas lo omitan y hagan el vacío sobre esto, ninguna construcción social podrá llevarse a cabo exitosamente desconociendo las leyes fundamentales de la revolución proletaria y de la construcción socialista, como tampoco ningún partido será ajeno a la burocratización sin contemplar el urgente trabajo ideológico de los cuadros medios y los recién incorporados a las filas partidarias, sobre todo aquellos que recién se desprenden de los sectores reformistas.

Hoy, al igual que en los tiempos de la III internacional, la unidad popular contra las medidas de ajuste, la fascistización y sus consecuencias a las condiciones de vida del pueblo es una tarea inmediata imprescindible y necesaria para el combate a la ofensiva de la burguesía y acabar con el quietismo doctrinarista de bastas organizaciones como método para el desarrollo del partido comunista como herramienta de combate de los trabajadores, en su lucha por su liberación.

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