Sobre algunos aspectos de la historia de la Unión Soviética

Uno de los obstáculos que encontramos al intentar realizar balances sobre las experiencias socialistas es la campaña de calumnias y falsedades que contra cada una de ellas lanzaron y continúan lanzando la historiografía burguesa y los cortesanos del capital dentro del movimiento obrero. Intentando desviar a la clase obrera de su misión histórica y presentar su situación como definitiva y absoluta, buscando generar en ella pesimismo sobre los cambios de raíz, los defensores cubiertos y encubiertos del régimen actual no desean siquiera comprobar la veracidad de sus dichos. La experiencia soviética es sin duda la más difamada, sobre la que han caído más mitos que es precioso refutar.

Socialismo

Circulan en nuestra literatura de izquierda un sinnúmero de definiciones superficiales basadas en verdades a medias o en análisis superestructurales o de forma acerca de lo que es el capitalismo y que es el socialismo, que ignoran que en las obras de los clásicos del marxismo encontramos un criterio objetivo para identificar ambos modos de producción. La separación entre el productor directo y los medios de producción que permite que la producción mercantil se expanda de los productos a la fuerza de trabajo, es el rasgo fundamental de la producción capitalista, a partir del cual son posibles los demás. Aboliendo esta separación y eliminando la cualidad de mercancía que la fuerza de trabajo reviste bajo el capitalismo, la base de una sociedad dada deja de ser capitalista. Es por eso que decimos que todo cambio o reforma, todo programa político que no tienda a este fin difícilmente pueda ser considerado como revolucionario, en el sentido estricto de la palabra.

Gracias a los esfuerzos inauditos que le posibilitaron salir bien parado de largas y encarnizadas luchas, de guerras de invasión y saqueo, y de los negros senderos señalados por los falsos amigos, para 1934 el pueblo soviético había logrado edificar en lo fundamental la base económica del socialismo; sólo existían para ese entonces dos tipos de propiedad: la propiedad de los grupos koljosianos (agricultores cooperativos) y la propiedad del Estado (de todo el pueblo). No fue un simple cambio de propiedad, como sostienen algunos, sino que fue una conquista que el pueblo soviético consiguió luchando activa y conscientemente. Los sábados comunistas, las brigadas de trabajo surgidas del Komsomol, el movimiento stajanovista, la gigantesca participación de obreros y campesinos en la realización de los Planes Quinquenales son algunas muestras de esa participación. Como corolario de esos esfuerzos, los productores de la ciudad y el campo lograron reencontrarse con los medios de producción y, a su vez, eliminar la cualidad de mercancía de su fuerza de trabajo, pues una clase que posee los medios de producción no puede contratarse y venderse a sí misma.

La presencia de manifestaciones aisladas de explotación, producto de la corrupción de administradores de fábrica y funcionarios soviéticos, no cambia la naturaleza socialista de la URSS de tiempos de Stalin. En toda sociedad siempre se pueden observar gérmenes de modos de producción anteriores, así como de los futuros: en nuestra sociedad capitalista vemos talleres clandestinos cuyos dueños poseen a los trabajadores, peones de campo que no pueden salir de la propiedad del capataz, a la vez que sabemos de empresas recuperadas que funcionan como cooperativas y en donde no existe explotación del hombre por el hombre. En la Unión Soviética socialista existían además de los mencionados sellos de la vieja sociedad, sellos de la sociedad futura: los sábados comunistas, por ejemplo. Pero, de nuevo, estas formas no modificaban el contenido.

Desplazamiento de clases

Toda revolución verdadera implica un desplazamiento de clases. La viejas clases caducas son derrocadas violentamente por la clase cuyos intereses armonizan con los intereses de toda la sociedad, cuyo modo de producción está en consonancia con el desarrollo de las fuerzas productivas y puede presentarse por ello como la clase más avanzada. Una revolución se distingue de un golpe de Estado por el hecho de que en aquélla el Poder estatal pasa de una clase caduca a una más avanzada, se produce un cambio cualitativo; mientras que éste es un mero cambio de hombres en el Poder, mientras que sigue gobernando la misma clase.

Con la Revolución de Octubre se desplazó del Poder político a la burguesía y a los terratenientes rusos, situándose la clase obrera como clase dominante en alianza con los campesinos; se cambió el carácter de clase de las instituciones políticas, de la legislación, del ejército, etc., pero en la economía las relaciones seguían siendo predominantemente capitalistas. Con la ejecución de la última fase de la NEP, con la ofensiva contra los elementos capitalistas de la ciudad y el campo este desplazamiento de las clases explotadoras tuvo su lugar también en la esfera de la economía. Tras finalizar la colectivización del campo y poner en pie la industria sobre la base de la técnica más moderna, a comienzos de la década de 1930 la Unión Soviética fue el primer país en la Historia en lograr la abolición tanto de las clases explotadoras como de la consecuente explotación del hombre por el hombre. Al expropiar a la burguesía y a los terratenientes, al hacerse con la industria y la tierra, con los bancos y otros medios e instrumentos de producción el proletariado soviético privó de su base material a las clases explotadoras, eliminó la posibilidad de que una clase viva del trabajo realizado por otras, y cambió a su vez su propia naturaleza. La clase que antes contaba solamente con su fuerza de trabajo, cuya libertad se reducía a conseguir trabajo o morir de hambre, de cuyo sudor vivía la clase ociosa dejó de existir. Surgió una nueva clase obrera soviética, que se estableció como la clase dominante de la sociedad y dirigía las riendas de la nación, que poseía a través del Estado los instrumentos y medios de producción y disfrutaba de las riquezas creadas por su esfuerzo.

Clases y contradicciones de clase

Una vez expropiada la burguesía y los terratenientes, luego de que se les quita la base material de su existencia como clases explotadoras, las clases continúan existiendo. Existe la clase obrera de nuevo tipo que posee los medios e instrumentos de producción y los administra a través del Estado. Existe el campesino cooperativo que posee en usufructo perpetuo la tierra y, descontada la parte gravada por el Estado, dispone de lo que cosecha para venderla como mejor le parezca. Existe, por último, el estrato de intelectuales que en este periodo procede de las masas trabajadoras y no de entre los explotadores. Ya no existen los obreros y campesinos que observamos con tanta naturalidad en el capitalismo, estas clases antaño desposeídas cambian cualitativamente.

En sus últimos años de vida, Lenin señaló que es incorrecto equiparar el antagonismo y la contradicción, pues bajo el socialismo los antagonismos desaparecen, pero las contradicciones seguirán produciéndose. Y es que entre la clase obrera y el campesinado, en el seno de la alianza, efectivamente existen contradicciones, pero son contradicciones de un tipo especial que pueden resolverse pacíficamente, amortiguarse: son contradicciones no-antagónicas. Entre estas dos clases existe una comunidad de intereses en torno a los problemas fundamentales que puede compensar con creces estas contradicciones. Distintas son las contradicciones fuera de la alianza, las existentes, por ejemplo, entre los campesinos trabajadores y los terratenientes o entre la clase obrera y la burguesía. Este tipo de contradicciones revisten una forma antagónica, pues aumentan y se agudizan en el curso de la lucha, hasta que una de las fuerzas opuestas es eliminada. Las contradicciones continúan siendo la fuente y la fuerza motriz del desarrollo del mundo, en general, y de la vida social, en particular.

Lucha de clases

En cuanto a la lucha de clases, ésta continúa operando luego de que son abolidas la burguesía y los terratenientes. En el socialismo existen los remanentes individuales de esas clases explotadoras, continúan existiendo el derecho burgués, las diferencias entre la ciudad y el campo y entre el trabajo intelectual y el manual, rige el principio de retribución de acuerdo al trabajo realizado que encierra en sí mismo cierta desigualdad, existen medios de producción que no son propiedad de todo el pueblo, sino que pertenecen a determinados grupos (los koljoses), operan -aunque restringidamente- la producción y el intercambio mercantiles, etc. Todos estos factores de orden interno permiten que concepciones ideológicas extrañas al socialismo surjan entre los hombres a cada paso, en cada momento y por ellas persisten la lucha de clases y el peligro de restauración del capitalismo luego de haber sido abolidas las clases explotadoras. Pero también hay otro tipo de factores, factores externos. La experiencia histórica nos muestra que los países que han edificado el socialismo han estado siempre cercados por países capitalistas que sirvieron como fuente ideológica, política, económica y militar para la agudización de la lucha de clases. Por ellos también es que la dictadura del proletariado sigue siendo una necesidad.

La lucha de clases tampoco se amortigua ni se extingue en el socialismo. Las clases sólo pueden ser suprimidas mediante la lucha de clases, lucha que se hace más encarnizada y aguda a medida que se avanza hacia la sociedad comunista: cuanto más cerca esté el mundo caduco de perecer más se aferrará a procedimientos de lucha desesperados.

“Es evidente –dice Lenin– que, para suprimir por completo las clases, no basta con derrocar a los explotadores, a los terratenientes y capitalistas, no basta con suprimir su propiedad, sino que es imprescindible también suprimir toda propiedad privada sobre los medios de producción; es necesario suprimir la diferencia existente entre la ciudad y el campo, así como entre los trabajadores manuales e intelectuales. Esta obra exige mucho tiempo. Para realizarla, hay que dar un gigantesco paso adelante en el desarrollo de las fuerzas productivas, hay que vencer la resistencia (muchas veces pasiva y mucho más tenaz y difícil de vencer) de los numerosos vestigios de la pequeña producción, hay que vencer la enorme fuerza de la costumbre y la rutina que estos vestigios llevan consigo.” (Lenin, Una gran iniciativa, 1919).

La primera tarea para abolir las clases, la tarea de derrocar a los explotadores y suprimir su propiedad privada sobre los medios de producción fue llevada a término en la URSS de los tiempos de Stalin. Y este es un merito que pocos pueblos pueden anotar en su historial. Cuando se estaban tomando medidas prácticas para ejecutar la segunda tarea, la tarea más difícil, sobrevino una gran desgracia que destruiría todas las conquistas del pueblo soviético y le condenaría nuevamente a ser un paria. Pero los clásicos del marxismo nos han enseñado que el triunfo definitivo del socialismo no tiene fecha ni hora ni se conquistará en un dos por tres. Para llevar a término esa obra gigantesca, para emanciparse y emancipar al mismo tiempo a la sociedad, la clase obrera deberá superar cientos de altibajos y retrocesos -a veces incluso retrocesos muy profundos-, realizar sacrificios enormes, luchar encarnizadamente contra lo caduco, que no deseará dejar su lugar, y enfrentar desafíos sin precedentes históricos. Pero estamos firmemente convencidos de que nuestra causa es justa, firmemente convencidos de que el triunfo del comunismo en el plano mundial es inevitable.

Nicolás Machado.

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