J. Stalin. Sobre la perpectiva del PC de Alemania y sobre la bolchevización.

Entrevista con Herzog, miembro del P.C. de Alemania.

1ª  pregunta (Herzog). ¿Considera usted que las relaciones políticas y económicas en la república democrático-capitalista de Alemania son tales que la clase obrera habrá de librar la lucha por el Poder en un futuro más o menos próximo?

Respuesta (Stalin). Sería difícil responder con toda concreción a esta pregunta, si se trata de plazos, y no de tendencias. Huelga demostrar que la presente situación se distingue esencialmente de la situación de 1923, lo mismo por las condiciones internacionales que por las interiores. Eso no excluye, sin embargo, que la situación pueda cambiar radicalmente en un futuro próximo en favor de la revolución, teniendo en cuenta posibles cambios importantes en la situación exterior. La inestabilidad de la situación internacional es garantía de que esa hipótesis puede llegar a ser muy probable.

2ª pregunta. En vista de la presente situación económica y de la actual correlación de fuerzas, ¿necesitaremos de un período preparatorio más largo para ganarnos a la mayoría del proletariado (requisito que Lenin planteó a los Partidos Comunistas de todos los países como una tarea muy importante, precedente a la conquista del Poder político)?

Respuesta. Por lo que se refiere a la situación económica, sólo puedo juzgar por los datos generales de que dispongo. Creo que el Plan Dawes  ha dado ya ciertos frutos, que han permitido estabilizar relativamente la situación. La penetración del capital norteamericano en la industria alemana, la estabilización de la moneda, la mejoría en varias ramas muy importantes de la industria -lo que no significa, ni mucho menos, el saneamiento a fondo de la economía del país- y, en fin, cierto alivio de la situación material de la clase obrera, no han podido por menos de consolidar hasta cierto punto las posiciones de la burguesía en Alemania. Podríamos decir que éste es el lado “positivo” del plan Dawes.

Pero el plan Dawes tiene también lados “negativos”, que en cierto período deben dejarse sentir forzosamente y que harán saltar por los aires sus resultados “positivos”. Es indudable que el plan Dawes representa para el proletariado alemán una doble losa: la del capital interior y la del exterior. Las contradicciones entre la ampliación de la industria alemana y la reducción de los mercados exteriores de esa industria, la desproporción entre las demandas hipertrofiadas de la Entente y las posibilidades máximas de satisfacerlas por parte de la economía nacional alemana, son circunstancias que, al empeorar inevitablemente la situación del proletariado, de los pequeños campesinos, de los empleados y de los intelectuales, no pueden por menos de llevar a un estallido, a la lucha directa del proletariado por la toma del Poder.

Pero no hay que considerar esta circunstancia la única condición favorable de la revolución en Alemania. Para la victoria de esta revolución se necesita, además, que el Partido Comunista represente a la mayoría de la clase obrera, que sea la fuerza decisiva en la clase obrera. Es necesario que la socialdemocracia sea desenmascarada y derrotada, que sea reducida a una minoría insignificante en la clase obrera. De otra manera no puede ni pensarse en la dictadura del proletariado. Para que los obreros puedan vencer, les debe alentar una misma voluntad, les debe guiar un solo partido, que goce de confianza indudable entre la mayoría de la clase obrera. Si dentro de la clase obrera hay dos partidos de igual fuerza que rivalizan entre sí, es imposible una victoria duradera, aunque se den condiciones exteriores favorables. Lenin fue el primero que lo subrayó con insistencia, en el período anterior a la Revolución de Octubre, como condición esencialísima para la victoria del proletariado.

La situación más favorable para la revolución podría considerarse aquella en que la crisis interior de Alemania y el aumento decisivo de las fuerzas del Partido Comunista coincidiesen con graves complicaciones en el campo de los enemigos exteriores de Alemania.

Opino que la falta de esta última circunstancia fue uno de los factores que influyeron más negativamente en el período revolucionario de 1923.

3º pregunta. Usted ha dicho que el P.C. de Alemania debe contar con la mayoría de los obreros. Hasta ahora se ha dedicado a ello demasiado poca atención. ¿Qué cree usted que se debería hacer para convertir el P.C. de Alemania en un partido enérgico, con progresiva capacidad de reclutamiento?

Respuesta. Algunos camaradas suponen que fortalecer el Partido y bolchevizarlo significa expulsar de él a todos los disidentes. Eso, claro está, no es cierto. Desenmascarar a la socialdemocracia y dejarla reducida a una minoría insignificante en la clase obrera sólo es posible en el curso de la lucha cotidiana por las necesidades concretas de la clase obrera. No hay que poner en la picota a la socialdemocracia sobre la base de los problemas del cosmos, sino sobre la base de la lucha cotidiana de la clase obrera por mejorar su situación material y política; por cierto, las cuestiones del salario, de la jornada de trabajo, de las condiciones de vivienda, de los seguros, de los impuestos, del paro obrero, de la carestía de la vida, etc. deben desempeñar un papel muy importante, si no decisivo. Golpear a los socialdemócratas cada día sobre la base de estas cuestiones, poniendo al desnudo su traición: tal es la tarea.

Pero esa tarea no se cumplirá por entero si las cuestiones de la actividad práctica diaria no se ligan a los problemas cardinales de la situación internacional e interior de Alemania, y si en todo su trabajo el Partido deja de enfocar las cuestiones de cada día desde el punto de vista de la revolución y de la conquista del Poder por el proletariado.

Pero esa política únicamente podrá aplicarla un partido que tenga a la cabeza cuadros dirigentes lo bastante expertos para saber aprovechar, con el fin de fortalecer el partido, cada falla de los socialdemócratas y lo bastante preparados teóricamente para que los éxitos parciales no les hagan perder las perspectivas del desarrollo revolucionario.

A ello, principalmente, se debe que el problema de los cuadros dirigentes de los Partidos Comunistas en general, comprendido el Partido Comunista de Alemania, sea uno de los más importantes en la labor de bolchevización.

Para la bolchevización se necesita crear, por lo menos, algunas condiciones fundamentales, sin las que la bolchevización de los Partidos Comunistas es de todo punto imposible.

  • Es necesario qué el Partido no se considere un apéndice del mecanismo electoral parlamentario, como en realidad se considera la socialdemocracia, ni un suplemento de los sindicatos, como afirman a veces ciertos elementos anarco-sindicalistas, sino la forma superior de unión de clase del proletariado, llamada a dirigir todas las demás formas de organizaciones proletarias, desde los sindicatos hasta la minoría parlamentaria.
  • Es necesario que el Partido, y de manera especial sus cuadros dirigentes, dominen a fondo la teoría revolucionaria del marxismo, ligada con lazos indestructibles a la labor práctica revolucionaria.
  • Es necesario que el Partido no adopte las consignas y las directivas sobre la base de fórmulas aprendidas de memoria y de paralelos históricos, sino como resultado de un análisis minucioso de las condiciones concretas, interiores e internacionales, del movimiento revolucionario, teniendo siempre en cuenta la experiencia de las revoluciones de todos los países.
  • Es necesario que el Partido contrasté la justeza de estas consignas y directivas en el fuego de la lucha revolucionaria de las masas.
  • Es necesario que toda la labor del Partido, particularmente si no se ha desembarazado aún de las tradiciones socialdemócratas, se reconstruya sobre una base nueva, revolucionaria, de modo que cada paso del Partido y cada uno de sus actos contribuyan de modo natural a revolucionarizar a las amplias masas, a preparar a las amplias masas de la clase obrera en el espíritu de la de revolución.
  • Es necesario que el Partido sepa conjugar en su labor la máxima fidelidad a los principios (¡no confundir eso con el sectarismo!) con la máxima ligazón y el máximo contacto con las masas (¡no confundir eso con el seguidismo!), sin lo cual al Partido le será imposible, no sólo instruir a las masas, sino también aprender de ellas, no sólo guiar a las masas y elevarlas hasta el nivel del Partido, sino también prestar oído a la voz de las masas y adivinar sus necesidades apremiantes.
  • Es necesario que el Partido sepa conjugar en su labor un espíritu revolucionario intransigente (¡no confundir eso con el aventurerismo revolucionario!) con la máxima flexibilidad y la máxima capacidad de maniobra (¡no confundir eso con el espíritu de adaptación!), sin lo cual al Partido le será imposible dominar todas las formas de lucha y de organización, ligar los intereses cotidianos del proletariado con los intereses básicos de la revolución proletaria y conjugar en su trabajo la lucha legal con la lucha clandestina.
  • Es necesario que el Partido no oculte sus errores, que no tema la crítica, que sepa capacitar y educar a sus cuadros analizando sus propios errores.
  • Es necesario que el Partido sepa seleccionar para el grupo dirigente fundamental a los mejores combatientes de vanguardia, a hombres lo bastante fieles para ser intérpretes genuinos de las aspiraciones del proletariado revolucionario, y lo bastante expertos para ser los verdaderos jefes de la revolución proletaria, capaces de aplicar la táctica y la estrategia del leninismo.
  • Es necesario que el Partido mejore sistemáticamente la composición social de sus organizaciones y se depure de los disgregantes elementos oportunistas, teniendo como objetivo el hacerse lo más monolítico posible.
  • Es necesario que el Partido forje una disciplina proletaria de hierro, nacida de la cohesión ideológica, de la claridad de objetivos del movimiento, de la unidad de las acciones prácticas y de la actitud consciente hacia las tareas del Partido por parte de las amplias masas del mismo.
  •  Es necesario que el Partido compruebe sistemáticamente el cumplimiento de sus propias decisiones y directivas, sin lo cual éstas corren el riesgo de convertirse en promesas vacías, capaces únicamente de quebrantar la confianza de las amplias masas proletarias en el Partido.Sin estas condiciones y otras semejantes, la bolchevización suena a hueco.

    4ºpregunta. Ha dicho usted que, junto a los lados negativos del plan Dawes, la segunda condición para que el P.C. de Alemania conquiste el Poder es llegar a una situación en la que el partido socialdemócrata quede completamente desenmascarado ante las masas y deje de ser una fuerza seria entre la clase obrera. Teniendo en cuenta los hechos reales, aun estamos lejos de eso. Aquí se ponen de manifiesto con evidencia los defectos y la debilidad de los métodos actuales de trabajo del Partido. ¿Cómo eliminarlos? ¿Qué opina usted de las elecciones de diciembre de 1924, en las que la socialdemocracia – un partido totalmente corrompido y putrefacto-, lejos de perder nada, ha ganado unos dos millones de votos?

    Respuesta. No se trata de defectos en el trabajo del Partido Comunista de Alemania. Lo que ocurre es, ante todo, que los empréstitos norteamericanos y la penetración del capital norteamericano en el país, más una moneda estabilizada, mejorando un tanto la situación, han engendrado la ilusión de que es posible eliminar por completo las contradicciones interiores y exteriores ligadas a la situación de Alemania. Montada en el caballo blanco de esas ilusiones ha entrado la socialdemocracia alemana en el Reichstag actual. Wels se engalla ahora con su victoria en las elecciones. No comprende, por lo visto, que se atribuye una victoria ajena. No ha vencido la socialdemocracia alemana, sino el grupo Morgan. Wels no era y no es sino un dependiente de Morgan.

    Publicado el 3 de febrero de 1925 en el núm. 27 de “Pravda”.

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