Lenin. Informe a cerca de los sábados comunistas.

 Pronunciado en la conferencia de la organización de Moscú del PC (b) de Rusia.20 de diciembre de 1919.

Camaradas: Los organizadores de la conferencia me han comunicado que habéis incluido un informe acerca de los sábados comunistas, dividiéndolo en dos partes para tener la posibilidad de discutir detenidamente lo principal de esta cuestión: primero, organización de los sábados comunistas en Moscú y sus resultados, y, segundo, deducciones prácticas para su organización ulterior. Quisiera limitarme a las tesis generales, a las ideas que sugiere la organización de los sábados comunistas como un fenómeno nuevo en la construcción de nuestro partido y de los Soviets. Por ello me ocuparé muy brevemente del aspecto práctico.

Cuando se organizaron los primeros sábados comunistas, resultaba difícil aún determinar hasta qué punto era digno de atención semejante fenómeno y si saldría de él algo grande. Recuerdo que cuando aparecieron en la prensa del partido las primeras noticias sobre esta cuestión, las opiniones de los camaradas más directamente relacionados con los sindicatos y con el Comisariado de Trabajo eran al principio comedidas en extremo, por no decir pesimistas. Les parecía que no había ningún motivo para conceder gran importancia a los sábados comunistas. Desde entonces, los sábados comunistas han alcanzado tal amplitud que nadie puede ya poner en duda su importancia para nuestro desarrollo.

En efecto, usamos con mucha frecuencia la palabra “comunismo”, con tanta frecuencia que hasta la hemos incluido en la denominación de nuestro partido. Pero cuando se medita sobre esta cuestión, surge la idea de que, junto con todo lo bueno que ha sobrevenido de eso, quizá se haya creado también para nosotros cierto peligro. La causa principal que nos ha obligado a cambiar el nombre del partido ha sido el deseo de deslindarnos del modo más tajante del socialismo predominante en la II Internacional. Cuando la aplastante mayoría de los partidos oficiales del socialismo, personificados por sus líderes, se colocaron durante la guerra imperialista al lado de la burguesía de sus países respectivos, o de sus gobiernos, se hizo evidente para nosotros la grandiosa crisis, la bancarrota del viejo socialismo. Y la idea de cambiar la denominación de nuestro partido fue lanzada principalmente para subrayar con la mayor energía que no podemos considerar socialistas a quienes marcharon con sus gobiernos durante la guerra imperialista; para mostrar que el viejo socialismo está podrido, ha muerto. Tanto más cuanto que desde el punto de vista puramente teórico, la denominación de “socialdemocracia” ha dejado hace mucho de ser correcta. En Francia, ya en los años cuarenta, cuando dicha denominación empezó a utilizarse ampliamente en la vida política, se aplicaba al partido del reformismo socialista pequeño burgués, y no al partido del proletariado revolucionario. Así pues, el motivo, la causa principal que nos ha movido a cambiar el nombre del partido, que ha pasado a ser también el nombre de la nueva Internacional, ha sido el deseo de deslindarnos resueltamente del viejo socialismo.

Si nos preguntamos qué representa el comunismo, a diferencia del socialismo, deberemos decir que el socialismo es la sociedad que nace directamente del capitalismo, es la primera forma de la nueva sociedad. El comunismo, por su parte, es una forma más elevada de la sociedad y puede desarrollarse únicamente cuando el socialismo se ha afianzado por completo. El socialismo presupone el trabajo sin ayuda de los capitalistas, el trabajo social con la contabilidad, el control y la vigilancia más rigurosos por parte de la vanguardia organizada, de la parte avanzada de los trabajadores, debiendo fijarse, por cierto, tanto la medida del trabajo como su remuneración. Y es imprescindible hacerlo así porque la sociedad capitalista nos ha legado vestigios y costumbres como el trabajo disperso, la desconfianza hacia la economía colectiva, las viejas costumbres del pequeño propietario que predominan en todos los países campesinos. Todo eso va en contra de la verdadera economía comunista. Denominamos comunismo a un régimen en el que los hombres se acostumbran a cumplir obligaciones sociales sin aparatos coercitivos especiales, en el que el trabajo gratuito en provecho de todos se convierte en un fenómeno generalizado. Se comprende de por sí que el concepto de “comunismo” está demasiado lejos desde el punto de vista de quienes dan los primeros pasos para la victoria completa sobre el capitalismo. De ahí que, por justo que sea haber cambiado el nombre de nuestro partido, por inmensa que sea la utilidad que ha proporcionado y por grande que sea la obra realizada y que ha adquirido amplitud colosal -pues hoy existen ya partidos comunistas en el mundo entero, y la Internacional Comunista, a pesar de no haber transcurrido siquiera un año desde su fundación, es, desde el punto de vista del movimiento obrero, incomparablemente más fuerte que la vieja Internacional, la agonizante II Internacional-; por importante que sea todo eso, comprender la denominación de “Partido Comunista” en el sentido de que se está realizando ahora el régimen comunista será la mayor falsificación y un daño en la práctica, la más huera fanfarronada.

Esta es la razón de que la palabra “comunista” exija ser empleada con mucha prudencia, ésa es la razón de que los sábados comunistas hayan adquirido un valor especial al hacerse habituales, pues solo en este fenómeno, extraordinariamente pequeño, ha empezado a manifestarse algo comunista. La expropiación de los terratenientes y capitalistas nos ha dado únicamente la posibilidad de crear las formas más elementales de socialismo, pero en ello no hay todavía nada de comunista. Si tomamos nuestra economía actual, veremos en ella gérmenes muy débiles aún de socialismo y una supremacía inmensa de las viejas formas económicas, que se expresa en el predominio de la pequeña economía o en la especulación más salvaje y desbocada. Pero cuando nuestros adversarios, los demócratas pequeñoburgueses, los mencheviques y eseristas, nos objetan que hemos destruido el gran capitalismo y que en lugar suyo rezuma por todos los poros el peor capitalismo especulador, usurario, les respondemos: Si se imaginaban ustedes que podríamos pasar del gran capitalismo directamente al comunismo, no son revolucionarios, sino reformistas o utopistas.

El gran capitalismo está minado de raíz en todas partes, incluso en los países en que no se ha dado aún ningún paso hacia el socialismo. Desde este punto de vista, la crítica, las objeciones que nos hacen nuestros adversarios no son nada serias. Está claro que después de ser destruido el gran capitalismo empiezan a aparecer en lugar suyo brotes de un capitalismo nuevo, pequeño, especulador. Estamos viviendo una lucha furiosa contra los restos del gran capitalismo, que se lanza a cualquier especulación minúscula, en la que es más difícil atraparlo y en la que adquiere la forma peor y más desorganizada de comercio.

La lucha, mucho más encarnizada en la situación inherente a la guerra, ha dado origen a las más bárbaras manifestaciones de especulación, sobre todo allá donde el capitalismo estaba organizado en mayor escala, y sería completamente erróneo imaginarse de otra manera la transición revolucionaría. Así están las cosas desde el punto de vista de la economía de hoy. Si preguntamos qué representa el régimen económico actual de la Rusia Soviética, deberemos decir que es la colocación de los cimientos del socialismo en la gran producción, la transformación de la vieja economía capitalista en medio de la resistencia más tenaz del capitalismo, manifestada en millones y millones de formas. Los países de Europa Occidental que han salido de la guerra tan dañados como el nuestro, por ejemplo, Austria, se diferencian de nosotros únicamente en que allí se revelan con mayor fuerza aún esta descomposición del capitalismo, esta especulación, pero no existen los gérmenes de la edificación del socialismo, lo que opone resistencia al capitalismo. Sin embargo, en nuestro régimen económico no hay todavía nada comunista. Lo “comunista” empieza únicamente cuando aparecen los sábados comunistas, es decir, el trabajo gratuito de individuos no sujeto a normas por ningún poder, por ningún Estado, en provecho de la sociedad en gran escala. No se trata de la ayuda al vecino, que ha existido siempre en el campo, sino de un trabajo que produce para satisfacer las necesidades de todo el Estado, de un trabajo organizado en gran escala y gratuito. Por eso, sería más correcto aplicar la palabra “comunista” no sólo al nombre de nuestro partido, sino también y exclusivamente a los fenómenos económicos de nuestra vida que hacen realidad lo comunista. Si en el régimen actual de Rusia hay algo comunista, son únicamente los sábados comunistas; lo demás no es otra cosa que lucha contra el capitalismo para afianzar el socialismo, del que deberá nacer, después de su victoria completa, ese mismo comunismo que vemos hoy en los sábados comunistas no a través de los libros, sino en la realidad viva.

Tal es la importancia de principio de los sábados comunistas, los cuales muestran que se está creando y empieza a surgir, bajo la forma de trabajo gratuito y organizado en gran escala para satisfacer las necesidades de todo el Estado, algo completamente nuevo que va en contra de todas las viejas reglas capitalistas, algo más elevado que la sociedad socialista que vence al capitalismo. Por eso, cuando este año, después del llamamiento del Comité Central del partido a acudir en ayuda del país respondieron primero los ferroviarios de la línea Moscú-Kazán, que son los que sufren más hambre y mayores necesidades, y aparecieron síntomas de que los sábados comunistas dejaban de ser un fenómeno esporádico, empezaban a difundirse y encontraban la simpatía de las masas, pudo decirse que nos encontramos ante un fenómeno de magna importancia de principio y que debemos apoyarlo de verdad por todos los medios si queremos ser comunistas no sólo en el sentido de los principios, no sólo desde el punto de vista de la lucha contra el capitalismo. Eso es aún insuficiente desde el punto de vista de la edificación práctica de la sociedad socialista. Hay que decir que este movimiento puede adquirir de hecho un carácter masivo. ¿Hemos demostrado esto? No me atrevo a responder, pues no se han hecho todavía resúmenes generales de las proporciones del movimiento que denominamos sábados comunistas. Dispongo sólo de datos parciales y he leído en la prensa del partido que estos sábados comunistas adquieren un desarrollo cada día mayor en numerosas ciudades. Los camaradas petrogradenses dicen que los sábados comunistas han alcanzado en Petrogrado una difusión incomparablemente mayor que en Moscú. Por lo que se refiere a provincias, muchos camaradas -de los que conocen prácticamente este movimiento- me han dicho que están reuniendo una cantidad inmensa de datos acerca de esta nueva forma de trabajo social. Pero sólo después de que esta cuestión sea discutida repetidas veces en la prensa y en las conferencias del partido de las distintas ciudades, lograremos reunir los datos generales que nos permitan decir si los sábados comunistas se han con vertido de verdad en un fenómeno masivo y si hemos logrado verdaderamente éxitos serios en este terreno.

Sea como fuere, recibamos pronto o no esos datos completos y comprobados, debe ser indudable para nosotros que, a excepción de los sábados comunistas, desde el punto de vista de los principios, no existe otro fenómeno probatorio de que no nos limitamos a denominarnos comunistas y a querer serlo, sino que realizamos de veras algo comunista y no sólo socialista. Por ello, todo comunista, todo el que quiera ser fiel a los principios del comunismo, debe orientar sus esfuerzos y su atención a ayudar a explicar este fenómeno y aplicarlo en la práctica. Tal es la importancia de principio de los sábados comunistas. De ahí que en cada conferencia del partido haya que plantear y examinar constantemente esta cuestión tanto en el aspecto teórico como en el práctico. No debemos limitar este fenómeno al aspecto teórico, de principio. El inmenso valor que los sábados comunistas tienen para nosotros no consiste únicamente en que realizan el comunismo en la práctica. Además, los sábados comunistas. tienen para nosotros una doble importancia: desde el punto de vista del Estado -la ayuda puramente práctica al Estado- y desde el punto de vista del partido, que para nosotros, miembros del partido, no debe quedar en la sombra. Es su importancia para depurar el partido de elementos intrusos, para luchar contra las influencias que sufre el partido en el ambiente propio del capitalismo en descomposición. En el aspecto económico, los sábados comunistas son indispensables para salvar del desbarajuste económico a la República Soviética y emprender la realización del socialismo. Quisiera analizar algo más detenidamente este segundo aspecto de la cuestión…

Publicado íntegramente por vez primera el 26 de octubre de 1927 en el núm. 245 de “Pravda”.

 

 

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