La Gran Revolución Socialista de Octubre

La Gran Revolución Socialista de Octubre

Después del derrocamiento del zarismo.

El pueblo había realizado la revolución y esperaba paz, pan, tierra y libertad. Pero el Gobierno Provisional no quería dar satisfacción a estos anhelos de los trabajadores. No quería porque era un gobierno de la burguesía y los terratenientes, cuyos intereses defendía.

El Gobierno Provisional continuaba la guerra. No se disponía a mejorar la vida de los obreros y se pronunció resueltamente contra la jornada laboral de ocho horas, que los obreros habían implantado por iniciativa propia en toda una serie de fábricas.

El gobierno se negó a quitar la tierra a los terratenientes y entregarla a los campesinos. El gobierno burgués  no pensaba en absoluto otorgar la libertad a los pueblos oprimidos y seguía manteniendo la opresión nacional. Ni siquiera declaró suprimida la monarquía: en Rusia no fue proclamada la república. Después de  haber subido el poder, la burguesía y los terratenientes confiaban en restaurar la monarquía.

Claro que el pueblo armado, que acaba de hacer la revolución, podía aplastar la resistencia de los capitalistas. Los Soviets, que agrupaban a la inmensa mayoría del pueblo, habrían podido tomar el poder. Pero no lo hicieron porque en ellos, predominaban los eseristas y los mencheviques.  Estos partidos, que predicaban durante la guerra la “paz entre las clases” y apoyaban a las clases dominantes, eran ahora un puntal del gobierno burgués. Se confabularon con la burguesía y con su gobierno, por lo que se les dio el nombre de conciliadores.

En 1905, los mencheviques trataban de persuadir a las masas para que no se apresurasen con sus reivindicaciones de paz y tierra. “Esperad a que se reúna la Asamblea Constituyente”, decían, pero ni siquiera fijaban la fecha en que la Asamblea habría de reunirse. Los eseristas y los menchevíques prometían establecer un control sobre el gobierno , pero ¿ que puede valer un control privado de poder?. De justificaban y apoyaban toda la política del gobierno burgués.

Los conciliadores afirmaban que Rusia no había madurado para el socialismo y que sólo en los países capitalistas de Occidente, altamente desarrollados, existían las condiciones necesarias para su realización. Se pronunciaban por el mantenimiento del capitalismo en Rusia, proponiendo mejorarlo un poco, retocarlo.

En Rusia se daban todas las condiciones objetivas necesarias para el paso al socialismo. Por otra parte, la guerra, causa del desbarajuste económico y de incontables perdidas, planteaba al pueblo el siguiente dilema: o seguir vegetando bajo el poder del capital o poner el timón en manos del proletariado y avanzar rápidamente hacia la creación de una nueva sociedad, de la sociedad socialista.

Lo único que hacía falta era que el pueblo adquiriese conciencia de su fuerza, que comprendiese que el socialismo era la salvación. Esa conciencia y esa comprensión sólo las daba al pueblo un partido, el Partido Bolchevique.

Después de la victoria de la Revolución  de Febrero, el Partido Bolchevique salió de la clandestinidad. Reapareció Pravda y comenzó la edición de otros periódicos bolcheviques.

Los militantes activos del partido salieron de la cárcel y regresaron de la deportación. Muchos llegaron a Petrogrado, capital del país. Los bolcheviques iban a las masas y las llamaban a desarrollar  y ahondar la revolución. Pero la situación del país era muy compleja sobre todo porque existían simultáneamente dos poderes: el Gobierno Provisional y los Soviets.

El partido necesitaba analizar bien él mismo esa situación para elaborar una táctica acertada, un nuevo plan de lucha. Eso lo hizo Lenin al regresar a Rusia del exilio.

A altas horas de la noche del 3 de Abril de 1917, la plaza ante la Estación ferroviaria de Finlandia, en Petrogrado, la llenaron miles y miles de personas. Los amigos y compañeros de lucha de Lenin habían acudido allí a recibirlo. Las fábricas habían enviado delegaciones de obreros. Se habían presentado también unidades de la Guardia Roja, es decir, destacamentos de obreros armados formados en las fábricas. Ante la estación se alineaban en impecables filas soldados y marinos, llegaron carros blindados de asalto. La muchedumbre, jubilosa acogió a Lenin con atronadoras ovaciones. El pueblo, contenida la respiración, escuchó el discurso de Lenin, pronunció desde lo alto de uno de esos carros ¡Viva la revolución socialista!, dijo Lenin al terminar su discurso, en medio del fragor de los vítores y los gritos de saludo.

Al día siguiente, 4 de Abril, Lenin dio a conocer su plan a los dirigentes del partido. Tres días después, las Tesis (los planteamientos principales del informe de Lenin) fueron publicadas en Pravda . Se reducían a lo siguiente:

La primera etapa de la revolución que había llevado a la burguesía al poder, había terminado. Comenzaba la segunda etapa, que debía terminar con el paso del poder al proletariado en alianza con los campesinos pobres. La revolución democrático-burguesa se transformaba inevitablemente en revolución socialista.

¿Como debía conducirse el partido en ese periodo? ¿cual debía ser su táctica?. En primer lugar, desconfiar del Gobierno Provisional y no apoyarlo, desenmascararlo ante el pueblo como un gobierno que no daría ni paz, ni pan, ni tierra, ni libertad. Había que convencer al pueblo de que únicamente los Soviets de diputados y soldados, después de haber tomado todo el poder, terminarían con la guerra, quitarían la tierra a los terratenientes, para entregarla a los campesinos, y suprimirían la opresión nacional. La consigna del partido era:

¡ Todo el poder a los Soviets !.

Era aquella una táctica revolucionaria genial. A Lenin no le arredraba que en los Soviets de entonces predominaran los mencheviques y los eseristas. Con la reivindicación de el paso de todo el poder a los Soviets, los bolcheviques mostraban que los intereses del pueblo estaban para ellos en coma de todo y que bregaban por crear un gobierno verdaderamente popular, que expresara los intereses de los obreros y los campesinos pobres. A los mencheviques y los eseristas no les era tan fácil y tan sencillo pronunciarse contra el paso del poder a los Soviets, que gozaban de una influencia enorme sobre las masas. La confianza de las masas en los mencheviques y los eseristas se basaba por el momento en la idea del acuerdo entre los Soviets y el Gobierno Provisional, salido de la entraña de la revolución. A medida que fuera pasando el tiempo, se desenmascararía más y más el carácter imperialista del Gobierno provisional y lo nociva que era para el pueblo la política menchevique-eserista de conciliación con la burguesía. La consigna de ¡ Todo el poder a los Soviets ! no era un llamamiento a derrocar sin demora el Gobierno Provisional.

En aquel momento no se le podía derribar porque contaba con el apoyo de la mayoría de los Soviets. Había que ir a las masas y explicarles que los Soviets debían romper con el gobierno burgués y tomar todo el poder. En los Soviets estaba representada la mayoría del pueblo, y el ejército los apoyaba. Si los Soviets se declaraban poder, nadie podría oponérseles.

Este paso hacia el poder podía realizarse pacíficamente. El Gobierno Provisional temía recurrir a las armas contra el pueblo, y, además, no contaba aún con fuerza para ello. La fuerza y el apoyo del pueblo los tenían los Soviets. En tales condiciones, los Soviets podían concentrar en sus manos todo el poder sin recurrir para ello a la lucha armada contra el gobierno burgués.

Lenin veía muy lejos. El paso de todo el poder a los Soviets y la formación de un gobierno de eseristas y mencheviques no cambiaría el carácter de estos partidos, que seguirían vacilando y tendiendo a la burguesía. Pero sus vacilaciones se producirían ya en condiciones nuevas. La burguesía no detentaría del poder.

El aparato del Estado burgués y su omnipotente burocracia habrían sido demolidos. En su lugar se habría creado un nuevo aparato estatal, basado en los Soviets. Las vacilaciones de los eseristas y los mencheviques se producirían en los Soviets, a la vista de las masas de los trabajadores, Los bolcheviques criticarían y desenmascararían la conducta de los eseristas y los mencheviques y la incapacidad de su gobierno para resolver los problemas fundamentales de la revolución. Las masas darían la espalda a los conciliadores y entregarían la dirección de los Soviets al ostentar ellos solos el poder y el paso al poder obrero, al establecimiento de la dictadura del proletariado, podrían realizarse pacíficamente.

El plan  de Lenin presentaba también la siguiente base de actividad para los Soviets:

En la esfera internacional, lucha por concertar una paz democrática general.

En la economía, nacionalización de todos los bancos y creación de un solo banco popular, nacionalización de los mayores monopolios, azucareros y metalúrgicos y control de los Soviets sobre la producción y la distribución de todos los artículos.

En la agricultura, confiscación de las tierras  de los terratenientes sin indemnización alguna y nacionalización de toda la tierra del país, es decir, su conversión en propiedad del pueblo.

En la esfera nacional, demolición de la cárcel de pueblos zarista, concesión a todos los pueblos oprimidos el derecho a la autodeterminación hasta la separación y creación de los Estados independientes. Reconocer este derecho no significaba llamar a todas las naciones a romper inmediatamente sus vínculos con Rusia. Significaba que cada pueblo debía resolver él mismo su destino partiendo de los intereses de todo el desarrollo social y de la lucha del proletariado por el socialismo. Lenin subrayaba, al decir esto, que los intereses de la revolución y del movimiento obrero exigían unir a los obreros de todas las nacionalidades en una misma organización política, sindical, cooperativa y cultural. La garantía del éxito de la revolución radicaba en la existencia de un solo partido de los trabajadores de todas las nacionalidades, en la unidad del proletariado.

Todas estas medidas no suponían la implantación inmediata del socialismo. Se hacía imposible implantarlo de inmediato. La aplicación de estas medidas supondría un paso hacia el socialismo.

Sólo un pequeño grupo de dirigentes del partido se pronunció contra las Tesis de Lenin, era gente que no creía en la revolución socialista y se aferraba al mantenimiento de la ligazón con los mencheviques. A fines de abril se reunió la conferencia del partido de toda Rusia, que aprobó el plan de Lenin. Todo el partido se reagrupó rápidamente sobre la base de las decisiones de la conferencia, evidenciando con ello su cohesión, su madurez política  y su temple revolucionaria. El Partido Bolchevique llevó a las masas las ideas de Lenin.

Fuente: Compendio de Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética.

Julio Tuñón

 

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