Discurso pronunciado con motivo de la inauguración de la Escuela del Partido.

 

                                                    Enver Hoxha

 

25 de Mayo de 1945

 

 

Queridos camaradas cuadros y dirigentes del Partido.

 

No cabe duda que ustedes comprenden la gran importancia de esta escuela del Partido que hoy inauguramos. De ella, nuestros cuadros que durante la lucha supieron combatir y trabajar con tanta abnegación y heroísmo regresarán pertrechados de la cultura marxista-leninista que les iluminará el camino para solucionar los problemas y realizar las grandes tareas que se les plantean en esta nueva fase. La fase es nueva, pero las tareas son tan importantes, incluso más que en la fase de la lucha contra el fascismo.

 

Nuestro joven Partido, que cuenta con cuadros jóvenes y no bien formados, emprendió una tarea ardua pero grandiosa. En los tres años y medio de lucha, al frente del pueblo y en la primera línea de combate, nuestro partido cumplió su deber con honor y gloria, llevó a cabo las tareas que el pueblo le encomendó y las que la Internacional Comunista le había fijado. Nuestro Partido movilizó al pueblo y lo levantó en insurrección general, organizó al Ejército y lo forjó al calor de las encarnizadas luchas contra el ocupante, instauró el Poder Democrático, venció en la lucha y ahora se encuentra en el puesto de mando. Este no es un milagro del destino, sino fruto de sudor y de sangre de los militantes del Partido.

 

Fueron el gran ímpetu revolucionario, el entusiasmo desbordante, el gran cariño al pueblo y el odio hacia el fascismo, la inmensa fe en el Partido, la gran y firme confianza en la Unión Soviética y en nuestro gran camarada Stalin, los que hicieron que los camaradas comunistas levantasen en alto la bandera de nuestro Partido. Nuestro Partido venció porque jamás perdió el rumbo. En todo momento nuestra brújula fue la Unión Soviética, fue el Partido bolchevique de Lenin, fue Stalin. Seguimos sus certeras huellas, que nos llevaron a la victoria.

Los militantes del Partido han tenido una gran escuela, la escuela de la lucha; aprendieron muchas cosas, pero no podemos y sería incluso un grave error afirmar que están enteramente en condiciones de enfrentar el gran trabajo que se les plantea. En general nuestros camaradas no están pertrechados con una importante arma que junto con su firme voluntad, con el entusiasmo y la ferrea disciplina, los impulse hacia adelante, es decir merecen de conocimientos marxistas-leninistas.

 

Por consiguiente, el objetivo de esta escuela es pertrechar a los militantes del Partido con esta poderosa arma.

Deben estar conscientes que no es suficiente que nuestro Partido tenga en sus manos el timón de mando, sino que tiene que saber mantenerlo, consolidarlo, para seguir avanzando por el camino de la completa materialización de nuestro Programa. La materialización de este programa y la realización de nuestros ideales no se logran con bluffs, con resoluciones arbitrarias, con una cultura marxista superficial ni con un trabajo de aficionados. Si por un momento los militantes del Partido piensan solucionar sólo para cubrir el expediente los complejos problemas que se les presenten, una solución que pudiera ajustarse al periodo de lucha, si para ocultar la ignorancia, la inercia, la indisciplina piensan valerse del prestigio y de la autoridad del Partido, entonces los problemas serán solucionados incorrectamente, si pensamos y trabajamos de esa manera no podremos mantener los puestos de mando que hemos conquistado.

 

Incluso sería un grave crimen que perpetraríamos contra el Partido y el pueblo. Los camaradas deben comprender cabalmente la importancia del momento y sus grandes responsabilidades. Estamos dirigiendo un pueblo, un Estado, nuestro Partido ha tomado en sus manos el destino de nuestro país.

A nadie se le permite hacer concesiones, soslayar el trabajo, contentarse con lo que sabe y no aprender, los que actúan así no son comunistas de nuevo tipo y perjudican al Partido. Nadie puede violar la férrea disciplina del Partido, sin la cual no podemos seguir avanzando, ni puede menospreciar el trabajo que le ha sido encomendado y ni realizarlo, reemplazándolo por la tranquilidad y el solar.

 

El comunista de nuevo tipo se siente satisfecho y con la conciencia tranquila sólo cuando sabe que ha cumplido el trabajo a él encomendado e inclusive mejor. El militante del Partido siempre debe encontrarse al frente en todo terreno de actividad, tiene que dirigir a las masas en todo, ha de destacarse entre todos por su voluntad, su saber, su decisión, su paciencia, su modestia, su justicia.

 

En cualquier momento los militantes del Partido deben saber que su trabajo correcto y tenaz consolida y eleva la autoridad del Partido y hace que las masas lo amen. Los militantes del Partido que piensen de diferente modo no merecen permanecer en sus filas.

 

Camaradas, esta escuela se inaugura en momentos favorables para nosotros, tanto en el interior como en el exterior. La Alemania nazi ha sido vencida, la Unión Soviética se encuentra en el apogeo de su fuerza y de su gloria, en muchos países, particularmente en el nuestro y en Yugoslavia, el Partido Comunista se encuentra en el Poder, sin embargo, en ningún momento debemos olvidar que la reacción internacional no ha sido desbaratada, sino que por el contrario pretende reanimar las camarillas pro-fascistas y conquistar posiciones a consta nuestra. Por eso, más que nunca debemos pertenecer vigilantes y atacar continuamente para destruir todo remanente fascista y volcar todas nuestras energías en el trabajo y en la lucha para la reconstrucción del país.

 

Y para lograr esto, debemos tener un partido, educar y forjar a nuestros cuadros. En todo momento debemos ser inteligentes en nuestra política interior y exterior y no desviar por ningún instante nuestra atención de la experiencia de la gran Unión de los Soviets ni apartar nuestra mirada de nuestro querido camarada Stalin y, como dice Dimitrov, debemos aprender y luchar-luchar y aprender. Hay que saber fundir las grandiosas enseñanzas de Marx, Engels, Lenin y Stalin, con la perseverancia stalinista en el trabajo y la lucha, con el principio de la intransigencia stalinista hacia los amigos de clase y hacia los renegados de la línea bolchevique, con el valor stalinista frente a las dificultades y en el realismo revolucionario stalinista.

 

Queridos camaradas, no me resta sino desearles, en nombre del Buró Político y del Comité Central del Partido, éxitos en el trabajo y aconsejarles dedicar la máxima atención de los cursos y aprovecharlos lo mejor posible, en interés de ustedes y en el gran interés de nuestro querido Partido.

 

¡ Viva nuestro Partido Comunista !

¡ Viva el heroico Partido Bolchevique de la URSS !

¡ Viva nuestro querido camarada Stalin !

 

 

Obras del tomo III (Enver Hoxha)

 

 

       

Julio Tuñón

 

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