En recuerdo a Ivana Hoffman.

Corría el pasado 2015 y se había realizado un llamamiento internacional a los comunistas del mundo; revivir el fenómeno de las brigadas internacionales que auxiliaron a los pueblos de España frente al fascismo en los años 30.
Podría hablar de los miembros del PML (RC) que atendieron al llamamiento y tras ello levantaron las ampollas de la burguesía española y turca, dando pie a un infame montaje que aún persiste mientras escribo estas palabras. También podría hablar de Holanda, donde desde que se inició dicho fenómeno en auxilio de Kurdistán, se declaró desde las instituciones que no se perseguiría a nadie por haber combatido frente a DAESH en Siria e Iraq. Podríamos hablar también de las decenas de exmilitares americanos que tras haber sido empujados como títeres para luchar contra “el terrorismo” por la burguesía norteamericana, son conscientes de que el único frente que está combatiendo realmente contra los terroristas y apostando por una revolución democrática, son los kurdos.
Pero no, hoy hablaré de Ivana Hoffman. Ivana era una joven de Duisburgo, cerca de Düsseldorf (Alemania), tenía tan solo 19 años y era comunista. Ivana era militante del MLKP, y cuando se realizó el llamamiento, partió. ¿Cómo pudo una joven de 19 años abandonar a su familia, a sus amigos, sus compañeros y sus proyectos para ir a miles de kilómetros de distancia, a una guerra incluso más brutal de lo habitual, a luchar por una tierra y un pueblo desconocidos?. La respuesta es muy sencilla: principios.

Da igual que tengas 19 años, da igual que luches frente a un enemigo que desea esclavizarte, torturarte y matarte de la más brutal de las maneras, más aún debido a tu condición de homosexual, da igual que ese enemigo esté financiado y apoyado por el bloque imperialista más potente del planeta, y que el otro bloque imperialista tampoco te guarde a ti ni a tus semejantes ningún aprecio. Da igual el riesgo cuando tus principios pueden ser puestos a prueba, pero no diluidos. Ivana era consciente de que la clase obrera es mundial, era consciente de que si fuese su familia y su pueblo la que se hubiese visto abandonada por el mundo a manos de la carnicería fascista, ella hubiese recibido con las manos abiertas a los brigadistas internacionales kurdos. Ivana era consciente de que todos moriremos algún día, y antes de que llegase ese día Ivana no eligió perpetuar la barbarie por omisión, eligió arriesgarse y luchar, dar voz y hacer eco de la revolución democrática del pueblo kurdo, luchar para que ninguna niña sea esclava, para que ningún obrero sea oprimido. Eligió pasar a la historia como una mártir de la clase obrera, de la revolución democrática, del pueblo kurdo.

Ivana cayó en combate frente a DAESH a principios de marzo del pasado 2015, más de 2.000 personas en su ciudad natal acudieron a la marcha fúnebre en su memoria, otros miles lo hicieron en Rojava ante la madre de Ivana. No debemos sentir lástima por Ivana, debemos honrar su lucha, debemos recordarnos a nosotros mismos que morir por el pueblo, es vivir para siempre.

Fernando Quiñones.

 

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