El trabajo de los comunistas en los sindicatos y la experiencia de la Internacional Comunista

[Hay que] impulsar y llevar hasta el fin la lucha por la unidad del movimiento sindical, teniendo presente que no hay medio más seguro para conquistar las masas de millones de obreros. Es imposible conquistar las masas de millones de proletarios sin conquistas previamente los sindicatos y es imposible conquistar los sindicatos sin trabajar en ellos y sin ganarse allí la confianza de las masas obreras mes tras mes, año tras año.”  Stalin.

Por: E. Gómez.

En tiempos en donde la crisis global del capitalismo y la ofensiva de los capitalistas se expresa día tras día en las condiciones de vida de los trabajadores, vastas organizaciones se quedan perplejas ante la incapacidad de los sindicatos a la hora de responder a la crisis y empiezan a lloriquear acerca de la “traición” de los dirigentes sindicales oportunistas aumentando el desconcierto de las masas, y lo que es peor, bloqueando el paso a los militantes revolucionarios que a pesar de las adversidades no dan el brazo a torcer y oponen resistencia a pesar de que persiste aún cierto reflujo.

No quedan dudas de que luego de la desaparición del bloque socialista, los revisionistas salieron fortalecidos temporalmente imponiendo los métodos de conciliación de clases en defensa del sistema de explotación capitalista logrando así la fusión en el plano social con los viejos cabecillas socialdemócratas, nacionalistas, etc.; logrando un bloque único continuador de las viejas prácticas de las tradeuniones y los sindicatos amarillos heredados luego de la primera guerra mundial.

La diversión ideológica y la desmovilización también han golpeado a muchos partidos comunistas, los cuales en muchos casos, perdiendo su base obrera cayeron en prácticas seguidistas a causa de sus estrechés.  En casos peores, sustituyeron por completo su política de masas cayendo en el sectarismo más grosero el cual pretende, nada más y nada menos, que la construcción del partido obrero despreciando al movimiento obrero al que acusan de “economicista”. ¡Vaya Plan!

Luego de la Revolución Socialista de Octubre, los Bolcheviques y los Partidos Comunistas de occidente, dieron suma importancia a la cuestión sindical entendiendo que solo con un acertado trabajo de los comunistas en el movimiento sindical sería posible acumular fuerza entre los obreros para derrotar a los gobiernos capitalistas que imperaban en aquellos momentos dando lugar en 1921 a la Internacional Sindical Roja.

Reafirmando estos principios, el V congreso de la Internacional comunista señalaba:

“El V congreso de la Internacional Comunista…atrae la atención de los partidos sobre la importancia excepcional  del trabajo sindical. Ninguna vacilación es tolerable en estos asuntos. Los sindicatos desempeñan un papel considerable en la preparación revolucionaria, y excepcional ha de ser el que desempeñarán en el momento de la revolución social; a ellos incumbirá, sobre todo, la construcción socialista cuando, tras la victoria del proletariado, se conviertan en los órganos de la dictadura del proletariado. La revolución social es imposible sin la conquista previa de los sindicatos”.

En estos momentos no puede haber lugar a dudas de la importancia histórica de los sindicatos, organizaciones que sintetizaron innumerables luchas desde el siglo XIX logrando en la actualidad nuclear a millones de obreros de los más diversos grados de conciencia en sus filas. Es el sindicato la herramienta más accesible al obrero, la que mayor interés despierta en éste y la que refleja de forma más clara sus aspiraciones económicas más inmediatas, su arma más a mano a la hora de enfrentar a las patronales y sus golpes.  Al decir de Lenin, los sindicatos son una “verdadera escuela de comunismo”.

Desde ya, los comunistas, sin caer en las limitaciones anarco-sindicalistas reconocemos las limitaciones de estos espacios sabiendo que solo con los sindicatos no alcanza, que es necesario desarrollar el partido que guíe a la clase obrera al poder; pero eso no significa que haya lugar para el abandono de los sindicatos, y mucho menos aun que se fomente el desprecio hacia ellos.

El trabajo de los comunistas dentro de los sindicatos es indispensable si es que se quiere ligar al Partido Marxista-Leninista con las grandes masas debido a la gran afluencia de trabajadores que los sindicatos tienen. Es allí donde la propaganda del Partido pude recabar en cientos de miles sino millones de obreros y es de estas organizaciones que extraerá a los mejores elementos del proletariado, estrechamente ligados a la producción, probados en la lucha cotidiana contra el capital y las ofensivas patronales.

El método de trabajo

Combatiendo las prácticas sectarias y escisionistas de los “comunistas” de izquierda, elementos de arraigo netamente intelectual y pequeñoburgués que pregonaban la lucha en contra de los sindicatos y por la construcción de organizaciones obreras nuevas y puras, alejadas del oportunismo- y también de las masas-, la Internacional Comunista delineó como estrategia la lucha por la unidad sindical como método de llegada a las  masas y de fortalecimiento, utilizando para ello la táctica de frente único desde abajo.

En momentos en que la crisis económica aprieta el cuello a las masas populares y generan el desconcierto de millones de hombres y mujeres que viven en carne propia las consecuencias del paro  o como se deterioran sus condiciones de trabajo, la pérdida de la masa salarial junto al encarecimiento insostenible de los artículos indispensables para la vida, la lucha por la unidad sindical en contraposición a las luchas aisladas de los trabajadores se convierte en uno de los objetivos más inmediatos para fortalecer a los sectores populares en su enfrentamiento al capital, siendo además la unidad de clase el único camino para todo partido que pretenda dirigir al proletariado hacia la revolución. Quien pretenda conquistar el poder  con la clase obrera  y sus organizaciones divididas, sin ganarse a una amplia mayoría de los sindicatos y deje el camino libre a la burocracia sindical en su esfuerzo de desmovilizar a los elementos más atrasados e inconscientes, no puede por menos calificarse de aventurero si no es que se lo toma por loco.

“…los comunistas al militar por la unidad sindical, extienden la zona de influencia de los partidos comunistas y de la Internacional Comunista sin separarse un instante de las masas. Combatir por la unidad del movimiento sindical es la mejor manera de conquistarse a las masas.

(…)

En ningún caso los partidos comunistas deben dejar el monopolio de la unidad en manos de los reformistas, que con la consigna de la boca para afuera dividen, corrompen y desmoralizan al movimiento obrero”. (1)

 

De esta forma era que los comunistas penetraban en las organizaciones conducidas mayoritariamente por elementos reformistas, desde la base, bregando por la acción inmediata de los trabajadores en pos de la solución de sus problemas más inmediatos mientas se abría un frente de combate por la expulsión de la burocracia sindical de los sindicatos.

A pesar de esto, es necesario tomar precauciones ante la posibilidad de errores tácticos que lleven a desviaciones economicistas o al mero seguidismo si no se quiere terminar a la cola de la burguesía y sus agentes en el movimiento obrero.

Los comunistas no penetran entre los elementos más atrasados para copiar sus fórmulas ni mucho menos para forjar la unidad con la burocracia sindical sino para incidir en las masas que hoy son dominadas por ellos y ganárselas para la causa del socialismo. Caer bajo las consignas de los burócratas es un peligro grave que puede tirar por la borda el trabajo del partido en unas pocas acciones.

Ahora, conquistar los sindicatos, ganarse la masa de millones de obreros y acabar con la influencia de la burocracia sindical no es empresa para nada sencilla, sobre todo para aquellos partidos que ven en el trabajo sindical como una tarea secundaria que puede ponerse aún más en segundo plano ante cualquier escenario que surgiese.

En primer término, solo un partido altamente involucrado en los problemas cotidianos de los obreros y que acompañe sus luchas puede ganarse a los mejores cuadros del proletariado. En este sentido vale subrayar la gran experiencia de los Partidos Comunistas y sus fracciones  sindicales rojas durante las primeras décadas del siglo pasado, quienes no subestimaron ni un segundo la importancia de incluir en sus órganos una gran cantidad de material teórico para encarar esta tarea, acompañado de información detallada y actualizada acerca de los diferentes conflictos emprendidos por los trabajadores de fábricas y empresas.

Junto con ello, los comunistas centraron sus esfuerzos en la creación de organizaciones amplias en cada fábrica como medio de llamar a la organización a los no organizados, trabajo que se complementó con la creación de agrupaciones o células de empresa como forma de organización del partido en la industria. De esta manera numerosos partidos lograron establecer su influencia con el movimiento obrero en occidente y avanzar en lo concerniente a la proletarización de sus filas, resultados que mostraron vital significación a la hora de enfrentar al fascismo, colaborar con el Ejército Rojo y hacer calar en las masas las consignas de los comunistas en momentos decisivos.

En la lucha por el establecimiento de la unidad y el crecimiento de la influencia del partido entre las masas, importante papel jugó el establecimiento de la táctica de Frente Único desde abajo, donde el trabajo unitario de los comunistas y sus organizaciones de base dieron el impulso necesario, desde la base, con los trabajadores organizados para la conformación de los frentes populares y la propagación dentro de los sindicatos de la consigna: “¡Fuera de las organizaciones proletarias los burócratas traidores!”.

Junto con este proceso, la Internacional Comunista y la Internacional Sindical Roja resaltó la importancia de que los comunistas tomen la posta en cada una de las organizaciones de masas   entendiendo que solo a través de la planificación y conducción de las huelgas por parte de sectores revolucionarios, el objetivo de destronar a los oportunistas encarnados en la Internacional de Ámsterdam. (3)

Así, junto con los Comité de Fábrica y de Empresa, nacían nuevos nucleamientos como los Comité de Acción, Comité de Huelga, etc. los cuales estaban encargados de profundizar la agitación y la propaganda en los trabajadores no organizados llamándolos al combate y a la organización a través de una democrática toma de decisiones destinadas a la toma de acciones concretas desde la base para enfrentar los embates ejecutados por la burguesía mientras se sumaban contra la burocracia sindical.

Sin duda que estos nuevos métodos de acción significaron en occidente un método práctico-organizativo cualitativamente superior a las de las viejas organizaciones heredadas del tradeunionismo, superando en la práctica la reaccionaria consigna cada vez más usada en nuestros tiempos  de “hacer que los burócratas luchen”. Un brillante ejemplo que demuestra que crear nuevas estructuras no significa romper con las masas y dividirse de los obreros tal como algunos elementos sectarios pretenden.

Una vez más se comprueba que la acción organizada y el trabajo sistemático lo son todo, mientras las consignas fuertes y las soluciones mágicas no son nada:

“Con insultos y palabras fuertes contra los jefes reformistas no se sacará nada; al contrario, los insultos y las palabras fuertes únicamente pueden dar a los obreros la impresión de que no se trata de apartar a los jefes inservibles, sino de destruir los sindicatos”. (2)

Llamado al abandono de los sindicatos, una medida derechista con disfraz de izquierdismo

Al igual que los cabecillas de la Internacional de Ámsterdam una vez terminada la guerra imperialista en 1919, la burocracia sindical continúa hoy bregando por su participación a la hora de tomar decisiones en forma “democrática” junto a los representantes de los monopolios,  alcanzando acuerdos sustanciales para salvar al capitalismo y su superestructura, e integrarse definitivamente como un apéndice más del aparato burocrático del Estado Burgués.

Lejos de detenerse, la fusión de la burocracia sindical con el Estado Burgués continúa desarrollándose a modos nunca antes pensados; basta ver los relucientes ejemplos de los gobiernos “progresistas” de América Latina en donde los viejos dirigentes sindicales ocupan cargos de suma importancia dentro de los ministerios, o donde las centrales sindicales llaman a los trabajadores a cumplir los compromisos de sus respectivos gobiernos, incluso cuando éstos significan cargar con un ajuste fiscal bajo el lomo de la clase obrera.

A nadie asombra en la actualidad el vínculo de algunos dirigentes sindicales con la policía y las organizaciones patronales, causa por lo que se ha vuelto común la persecución de los sindicalistas combativos, la expulsión en masa de afiliados en los sindicatos, la entrega de conflictos y huelgas; en definitiva, la traición más descarada de los oportunistas para con la clase obrera y el pueblo.

Tal como lo explican los clásicos del Marxismo-Leninismo, la superestructura capitalista no se mantiene inmutable en el tiempo sino que trata de adaptarse a las diferentes circunstancias en el desesperado objetivo de continuar manteniendo el actual régimen de explotación asalariada. Es así, que en el desarrollo de los enfrentamientos con el proletariado la burguesía ha aprendido la necesidad de profundizar la incorporación de lo más podrido de la masa asalariada en las esferas de decisión del Estado generando una verdadera herramienta rompehuelgas para frenar al proletariado en su camino ascendente hacia el comunismo siendo la burocracia sindical quien ata a los trabajadores y arrastra la cuerda para empujar cada vez más a los sindicatos al camino de la entrega.

Excusándose en esta situación es que empieza a ponerse de moda nuevamente que algunas organizaciones que se hacen llamar “comunistas” o “revolucionarias”, ante la desesperación y el abatimiento típicos de los pequeñoburgueses, lejos de redoblar esfuerzos para enfrentar a la burguesía y sus agentes, optan por la ruptura con las “viejas” organizaciones sindicales bregando por la construcción de nuevos sindicatos como forma aparente de desprenderse de la burocracia sindical, apartando a sus militantes de la base de afiliados de los sindicatos tradicionales mayormente arraigados en la clase obrera.

Esta práctica, no solo demuestra desesperación y falta de un trabajo sistemático en los sindicatos sino que además, refleja una grotesca adaptación de las prácticas legalistas, la sobrestimación de la democracia en los sindicatos aun cuando se comprueba su total integración al capitalismo que estas organizaciones sufren actualmente-y por lo tanto a sus vicios-; un profundo miedo al accionar pandillero de los burócratas y lo peor de todo: una total falta de fe en la clase obrera.

Quien gime injusticia y argumenta la destrucción de los sindicatos por los acuerdos firmados por debajo de la mesa entre los dirigentes oportunistas y las patronales, es porque no cree que la clase obrera organizadamente puede revertir esta situación. Quien llora y patalea porque los burócratas no reconocen las decisiones de las asambleas ni las autoridades elegidas democráticamente y lo argumenta como factor decisivo para la ruptura es porque desconoce que estos fenómenos se producen por los bajos grados de organización que todavía predominan en las bases sindicales, y por supuesto, desconfía en la capacidad de los obreros para revertir esta situación.

Y ni hablar que sobran las oportunidades en donde este tipo de elementos, ante la falta de iniciativas y la falta de capacidad para organizar a los obreros, echan culpas hacia las masas por su quietismo escondiendo en una voraz política de círculos que el trabajo partidario en los sindicatos, es en la mayoría de los casos insuficiente.

Parece de un cuento surrealista el hecho de que hayan organizaciones enteras que a pesar de creerse capaces de derrotar al imperialismo y a sus respectivas burguesías mientras se inventan que no es posible derrotar a la burocracia sindical con siquiera con la ayuda de los obreros.

Pocos calificativos hay para aquellos “revolucionarios” que no son capaces de organizar una oposición revolucionaria real y apartar a las masas de los agentes de la burguesía pero sí se creen que por un llamado y griteríos de injusticia pueden crear desde la nada  y en poco organizaciones obreras que superaran cualitativa y cuantitativamente con creces lo conquistado por la clase obrera organizada durante el desarrollo de más de 150 años.

En este sentido vale la pena traer a coalición las palabras de Lenin, quien en el combate a los izquierdistas alemanes-pioneros en esto de crear superestructura por arte magia-, quienes pretendían superar el corporativismo y la estrechez de las organizaciones obreras dominadas por la socialdemocracia a partir de la ruptura con los sindicatos y la creación de “uniones obreras” nuevas:

“Intentar llevar actualmente a la práctica ese resultado futuro de un comunismo llegado al término de su completo desarrollo, solidez y formación, de su íntegra realización y de su madurez, es lo mismo que querer enseñar matemáticas superiores a un niño de cuatro años.

Podemos (y debemos) emprender la construcción del socialismo, no con un material humano fantástico, especialmente creado por nosotros, sino con el que nos ha dejado como herencia el capitalismo. Ni que decir tiene que esto es muy “difícil”, pero cualquier otro modo de abordar el problema es tan poco serio, que ni siquiera merece ser mencionado”. (4)

Resaltado todo esto, queda demostrado el gran daño que produce y puede producir en filas comunistas el desarrollo de una práctica aislacionista y la subestimación imperdonable de las fuerzas de la “vanguardia”, al punto de creer posible una política de acumulación de fuerzas y la futura toma del poder prescindiendo del movimiento obrero. Seguro que semejantes teorías sonrojaría a cualquier foquista ubicado en la década del 60.

Los Marxistas-Leninistas, muy alejados de esto, nos aferramos a las enseñanzas de Lenin y Stalin y a la experiencia socialista de los bolcheviques quienes no se cansaron de advertir la necesidad del trabajo de los comunistas en los sindicatos entendiendo su futura importancia como correa de trasmisión del poder soviético y por lo tanto, no nos cansamos de repetir una y mil veces que en la actualidad sin el apoyo de la gran mayoría de los sindicatos el futuro de cualquier revolución está perdido.

En este sentido, somos conscientes de la inevitabilidad del socialismo, que el proletariado es la fuerza motriz de la revolución socialista y que en las condiciones actuales en donde el capitalismo sufre la peor crisis de su historia, el despertar de los trabajadores es inminente.

Por eso, será necesario que los partidos Marxistas-Leninistas redoblen sus esfuerzos dentro del seno del proletariado recuperando la rica experiencia de trabajo de la Internacional Comunista y la Internacional Sindical Roja estableciendo una política de masas que será definitiva en las luchas venideras.

Hoy más que nunca los marxistas-leninistas enarbolamos la historia del movimiento obrero con plena confianza en el proletariado como clase, en el partido como guía y en el socialismo como el único camino posible para terminar con la explotación capitalista repetimos la imperecedera consigna de la ISR: ¡Estad con las masas! ¡Penetrad en los sindicatos! ¡Es el único camino para la victoria!

Notas:

  • V Congreso de la Internacional Comunista, Nuestra táctica dentro del movimiento sindical (Directivas de Losovsky).
  • Entrevista con los asistentes a la conferencia de jefes de secciones de agitación y propaganda.
  • Federación sindical oportunista ligada a la II Internacional.
  • “La Enfermedad infantil del “izquierdismo en el comunismo”.
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