Sobre el supuesto arribismo de Stalin

La historiografía burguesa, así como los cruzados contra el socialismo dentro del movimiento obrero tienen marcada en su agenda calumniar a los dirigentes revolucionarios en general, y a Stalin en particular. En su “biografía” de Stalin, por ejemplo, Trotsky sostiene que el georgiano tenía una “insaciable sed de venganza”, que “iba tras el poder, íntegro, a costa de lo que fuese”, que poseía un “primitivismo en la sangre”, un “barbarismo asiático” y demás tonterías por el estilo. A fin de continuar desbaratando las calumnias que sobre Stalin lanzan los enemigos del marxismo, repasemos las veces que él intentó renunciar a sus cargos, demostrando que su supuesto arribismo no se fundamenta en los hechos.

El 19 de agosto de 1924, en su carta al Pleno del CC del PCR(B), Stalin pide que se le relegue del Buró Político del CC arguyendo que “un año y medio trabajando en el Politburó con los camaradas Zinóviev y Kámenev, luego del retiro y posterior muerte de Lenin, hicieron perfectamente clara para mí la imposibilidad de un trabajo político honesto, sincero con estos camaradas dentro de los marcos de un pequeño colectivo” (Stalin, citado en “Khrushchev Lied”, Grover Furr, pág. 245). Luego de solicitar una licencia médica de dos meses, pidió que se le reasigne al lejano pueblo siberiano Turujansk o a alguna otra región para realizar un trabajo que “atraiga poca atención” (Id., Ibíd.) El Pleno, que contaba con la presencia de Trotsky, Kámenev y Zinóviev, impuso por unanimidad que Stalin permaneciera en su cargo. El 27 de diciembre de 1926 intentaría lograr esto de nuevo pidiendo al CC que se le aparte del puesto de Secretario General del CC porque no podía ya trabajar en ese cargo: “no cuento ya con la fuerza para trabajar en esta posición” (Id., Ibíd.), diría Stalin. Sus esfuerzos fueron también esta vez en vano.

Transcurrido un poco más de un año, el 19 de diciembre de 1927, señalando que no existían ya las condiciones para que el Partido bolchevique tenga como Secretario General a una persona “más o menos severa, una que actuase como una suerte de antídoto frente a los peligros abogados por la oposición” (Id., pág 246), pidió que se siguieran los lineamientos establecidos por Lenin antes de su muerte y se le removiera del cargo de Secretario General; sosteniendo que “el Partido sólo podría ganar haciéndolo” (Id., pág 246). El Pleno del CC rechaza su propuesta mayoritariamente –Stalin es el único que vota a favor, pero seguidamente propone que el “cargo muerto” de Secretario General sea abolido ya que generaba una serie de distorsiones –peleas por ocuparlo en las regiones periféricas, privilegios, etc.– y en vistas de que el Partido pudo convivir mucho tiempo sin él, pero el Pleno vota unánimemente en contra de esta proposición.

En el Pleno del CC posterior al XIX Congreso, celebrado en octubre de 1952, con casi 75 años demanda nuevamente que se le aparte de los cargos de Secretario General y de Presidente de Consejo de Ministros refiriéndose a su salud, su sobre-trabajo y al hecho de que existían dedicados camaradas y líderes políticos jóvenes, con más energías que podían relevarlo perfectamente (Véase: Stalin, Speech at the Plenum of the Central Committee of the CPSU, 1952); pero el CC nuevamente da la espalda a sus deseos.

Stalin trabajó tenaz e incansablemente por muchos años en cargos dirigentes en los que no se sentía cómodo y para los cuales creía no ser el adecuado, pero siempre se subordinó a las decisiones mayoritarias, siempre puso los anhelos del Partido por sobre los suyos. Este fue el único motivo por el que estuvo al frente de la edificación del socialismo por tantos años. “¿Qué podía hacer yo? –preguntaba Stalin tras recordar que sus propuestas para apartarlo de sus cargos eran rechazadas– ¿abandonar el puesto? Eso no va con mi carácter; yo no he abandonado jamás ningún puesto y no tengo derecho a abandonarlo, porque eso sería desertar. Como ya he dicho antes, soy un hombre dependiente; y cuando el Partido lo impone, yo debo obedecer” (Stalin, La oposición trotskista antes y ahora, octubre 1927)

 

Nicolás Machado.

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