Artículo sobre la cuestión de la mujer recogido en el Informe al II Congreso de la antigua Juventud Comunista de España (marxista-leninista)

Joven Mujer

Camaradas:

De todos es bien sabida la necesidad de la emancipación de la mujer. En nuestra sociedad capitalista se habla mucho de ella, de sus derechos, de su igualdad con el hombre, etc. Sí, se habla y todos hablan: los capitalistas, los burgueses, los revisionistas, socialdemócratas, oportunistas, incluso hasta la Iglesia. Pero todo ello no es más que palabrería barata de la que tanto gustan estos profesionales del engaño, que como tales no buscan más que eso, engañar. Sin embargo, nosotros sabemos que por mucho que digan, la emancipación de la mujer, su total incorporación al trabajo social mediante la igualdad con el hombre en todos los terrenos (social, laboral, etc.) no es posible en el marco capitalista, ni tan siquiera en las democracias burguesas más avanzadas. Ello sólo será posible bajo el comunismo. Hace muchos años ya, Lenin analizaba de esta forma la cuestión y demostraba la justeza de su análisis con hechos, con las medidas que al respecto estaba tomando el Poder Soviético (incorporación de la mujer al trabajo, igualdad completa ante la ley con el hombre, liberarla del trabajo doméstico con la creación de guarderías públicas, comedores, etc.)

Es pues evidente que nos corresponde a nosotros la realización de esta tarea clave para hacer la revolución: incorporar a la lucha a miles de mujeres que comprueben de esta forma que, o destruimos la raíz o nuestros problemas de fondo seguirán siendo los mismos. La mujer debe luchar por sus derechos, como mujer y como miembro de la clase obrera y del pueblo, debe ir exigiendo más y más, arrancándole a la burguesía estas reivindicaciones y convencerse, mediante esta lucha reivindicativa, al igual que lo hace el proletariado que, volvemos a repetir, mientras se mantenga el capitalismo con sus estructuras, nosotros seguiremos siendo los explotados y ellos los explotadores.

Y dicen que para muestra un botón: ¿de qué situación “goza” la mujer bajo este sistema monárquico de Gobierno que llaman “democracia”?… A excepción de algunas cuestiones formales que se desprenden de su Constitución, en la realidad se le niega el derecho a un puesto de trabajo y, cuando lo tiene, no recibe el mismo salario que el obrero por el mismo trabajo realizado con lo que la ya vieja reivindicación de “a trabajo igual, salario igual” sigue pendiente de ser una realidad; ese le sigue impidiendo el acceso a puestos de responsabilidad y la participación en la vida política y social del país… Al continuar viva la propiedad privada, los derechos de la mujer siguen siendo pisoteados. Y es precisamente por ello por lo que la educación que recibimos desde pequeños en el seno de nuestras familias responde a seguir aguantando esta situación, manteniéndose así, desde lo más pequeño, las estructuras capitalistas.

Con pequeñas cosas diarias, a la joven mujer se le va preparando para que cumpla su papel, el papel que el capitalismo le reserva: el de ama de casa, donde se le relega a un trabajo embrutecedor e individualizador, que irá funcionando poco a poco para que ella sea lo más atrasado del pueblo y soplo sepa cuidar de su casa, sus niños y “salvaguardar” su familia (ya que, aunque quiera y busque trabajo, no se lo darán) impidiendo, en muchos casos, incluso el trabajo revolucionario de sus compañeros. Una vez la joven está en esta situación es ya muy difícil concienciarla para que se incorpore a la lucha (pero desde luego no imposible). Estas razones nos llevan a asegurar que es entre las jóvenes donde nuestro trabajo al respecto se desarrollará con mayor facilidad y mejores resultados, y ello por varias razones obvias. La joven, por el hecho de serlo, comparte los mismos problemas con el resto de la juventud, los vive sea donde sea, en los institutos, en los barrios, en los centros de F.P., en las Facultades, en el trabajo. Además no tiene, al igual también que el resto de jóvenes, cargas familiares (aunque si trabas al estilo de “a las diez en casa”, “a dónde vas”, “de dónde vienes.”… y su espíritu juvenil la hace más decidida, más predispuesta a la lucha objetivamente.

Nos corresponde a nosotros, la JCE (marxista-leninista), el ganar para el campo revolucionario a las jóvenes mujeres, evitando así que lo haga la reacción. Siempre se ha dicho que la juventud es el futuro y es cierto, y la juventud está compuesta por los y las jóvenes, lo que significa, camaradas, que si trabajamos para que las jóvenes de hoy sean las mujeres del futuro, no serían simples mujeres o amas de casa, serán revolucionarias o estarán al lado de la revolución, que lucharán por su emancipación en sus casas, en el barrio, en el trabajo.

Hay que poner manos a la obra, hemos de demostrar nosotros, los jóvenes comunistas, que no hablamos por hablar, que sí es posible la total emancipación pero de la forma que decimos, incorporándose a la lucha del proletariado y del pueblo, delimitando así política e ideológicamente los campos con estos “defensores” de sus derechos, del feminismo burgués, que lo único que intenta es desviar sus inquietudes para evitar realmente que luche por su verdadera emancipación. Hemos de tener bien claro al respecto que en la actualidad los movimientos feministas no movilizan a la mujer, cosa que sí hicieron, por ejemplo, el siglo pasado en la justa lucha por la conquista del voto femenino. Hoy son grupos reducidos, nada enraizados con el movimiento y las aspiraciones populares y obreras, sin ningún planteamiento de movilización y formados, en su mayoría, por mujeres intelectuales, de la burguesía. Esto, sin embargo, no quiere decir que planteemos nuestra lucha contra ellas, pues es evidente que incluso la mujer burguesa en el sistema capitalista es discriminada, lo cual no significa que, aunque en ocasiones coincidamos en alguna reivindicación concreta, no dejemos de plantear nuestra política para la delimitación de los campos, como decimos.

Pero ¿cómo vamos a incorporar a la joven mujer a la lucha? Esto es, evidentemente, lo que demostrará si entendemos o no la cuestión. Porque si no es así, camaradas, nosotros también hablaremos por hablar. No existen experiencias ni recetas al respecto, pero veamos algunas cuestiones que nos sirvan de eje para nuestra tarea concreta de incorporar a la joven a nuestras tareas.

En primer lugar, no hemos de tomarnos esta tarea como una campaña diciendo que ahora vamos o tenemos que reclutar mujeres. NO. Debemos tomarla como un trabajo sistemático, diario y siempre presente en nuestra actividad. Para ello hemos de educarnos al respecto todos los camaradas, insistimos, TODOS, y considerar este problema de toda la organización, y no como algo que sólo atañe, en la práctica a las camaradas. Tomándolo con seriedad, esforzándonos por acabar con las posiciones nada comunistas que mantenernos algunos y algunas camaradas y que no hace más que contribuir a la mala educación respecto del esto de la organización y de los que nos rodean. Nuestra organización debe funcionar en todos los sentidos como la escuela de jóvenes comunistas. Y es todo lo contrario cuando, por ejemplo, se incorpora a ella alguna joven con ganas de luchar, pero con algunas reminiscencias (pocas o muchas) de la educación que recibe como puede ser la coquetería, la comodidad ante las tareas porque las hacen otros militantes, etc., y muchos de nosotros en vez de corregirle para que vaya convirtiéndose en una joven comunista, le seguimos la corriente e incluso potenciamos estas posiciones que, aunque aparentemente sean involuntarias, van en beneficio individual y nada colectivo. Realmente es necesario que acabemos con estas actitudes, discutiendo sobre la práctica, sobre las tareas diarias, la cuestión ideológica y políticamente e ir allí donde trabajamos y planteársela UNIDA, repetimos, al resto de tareas a todos aquellos jóvenes que tenemos alrededor.

La otra cuestión hemos de referirla, necesariamente, más en concreto a la organización. Es evidente que nuestro planteamiento de cara a la incorporación de a joven a la lucha es incorporarla a las tareas de nuestra JCE (marxista-leninista). Sin embargo, debemos ser decididos y audaces, y allá donde se nos plantee un problema más concretamente relacionado con ésta tarea, intervenir y lanzarse a organizar. Ya hay algunos en los que se nos pide esa decisión y esa audacia. Por ejemplo, camaradas que trabajan en una vocalía de la mujer en una AA.VV., camaradas que trabajan en centros donde en su mayor parte son mujeres jóvenes como son las fábricas del textil, de cerámica, almacenes de frutas, comercio, etc. O aquellas que lo hacen en ese trabajo tan humillante al que muchas mujeres no tienen más remedio que recurrir, el servicio doméstico. En estos casos y en otros que puedan surgir, aquella Agrupación a la que pertenezcan éstas camaradas debe plantearse de una forma seria y planificada el cómo dirigir su trabajo, controlándolo como una tarea que atañe al conjunto de dicha Agrupación y a toda Organización. En todos los centros donde estemos trabajando, sean de trabajo o de estudio, debemos empezar a incluir en las reivindicaciones propias de estos las que afecta directamente a la discriminación de la mujer, reivindicaciones que pueden ir desde exigir el salario igual a trabajo en todos los centros de trabajo donde se dé el caso por pequeños que estos sean hasta la exigencia en los institutos y escuelas de F.P. de la desaparición total de esa asignatura reaccionaria que se llama “hogar” que en la mayoría de estos aún la reciben las “chicas” siendo la de “electricidad” para los “chicos”. Todo ello con el objetivo también de ir viendo en la práctica cuales pueden ser las reivindicaciones más sentidas en ese sentido, e ir elaborando una tabla reivindicativa de la joven mujer a incluir en nuestros planes de trabajo. De esta forma, mañana, cuando nos incorporemos a nuestras tareas en nuestros respectivos frentes de masas, debemos de empezar a rodar en este terreno e ir sacando experiencias que nos sirvan para avanzar en el mismo, no teniendo miedo para ello en lanzarse y tener iniciativa propia, pues con nuestra política clara y también los objetivos y ganas de luchar y de ganar, sólo nos falta eso, ganar, lo que hemos de conseguir.

Esta intervención ha de servirnos de arranque en esta tarea que nos planteamos, de arranque porque se plantea en este nuestro II Congreso y lo hacemos para ello, para avanzar en todos los sentidos. Y en éste en concreto, arrancar va a significar avanzar.

Y, para terminar, volver a decir que necesitamos en la lucha a la mujer y que buena parte de responsabilidad tenemos nosotros en el que lo haga o no, si no lo hacemos estaremos impidiendo objetivamente aquello por lo que estamos luchando: la Revolución Socialista.

 

Artículo recogido en el Informe al II Congreso de la Juventud Comunista de España (marxista-leninista).

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