UNIDAD EN LA LUCHA FEMINISTA, EMPODERAMIENTO Y EMANCIPACIÓN REAL.

La lucha feminista en la actualidad se pierde en teorías que impulsan la división, el enfrentamiento y la ineficacia del avance hacia la emancipación de las mujeres. Vemos como en una amplia variedad de espacios se hacen charlas, actos o jornadas en las que se trata la cuestión femenina, pero muy pocas veces se hace desde una perspectiva de clase, se limitan a debates teóricos dispersos sin tratar de llegar a conclusiones contundentes y prácticas. Se habla de diferentes feminismos, y cada uno de estos se trata un tema en particular, enfoca la liberación de las mujeres prestándole atención a un aspecto en concreto. Limitan su análisis centrándose en aquello que consideran más importante, sin hacer un análisis global de la opresión. El feminismo negro, el feminismo LGTBI, el feminismo interseccional… etc. El feminismo no puede basarse en corrientes, perderse en teorías ineficaces que manipulan y desvirtúan el origen de la opresión, sus efectos y en última instancia la forma de acabar con ella. Bien es cierto que la lucha por la emancipación de las mujeres necesita un análisis profundo del patriarcado, de las condiciones de las mujeres, cánones de belleza inalcanzables, roles de género o hipersexualización, pero no se debe perder en matices o particularidades que lo fragmenten imposibilitando su unidad.

Si el feminismo no es capaz de entender que el origen de la opresión de las negras, de las lesbianas, de las transexuales, de todas las mujeres del mundo radica en un mismo sistema, en el capitalismo. Si el feminismo no es capaz de comprender que, bajo este, ninguna de estas problemáticas va a recibir una solución ambiciosa y completa, sino que se van a limitar a aplicar medidas insuficientes, si no es capaz de comprender que solo acabando con los intereses económicos que mantienen su situación, es decir, que solo acabando con la propiedad privada y luchando por el socialismo conseguirá la liberación total, si no es capaz de comprender todo esto, la lucha será siempre incompleta, parcial y ridícula… será una burla de la burguesía, esperanzas en vano y una traición a todas las mujeres del mundo.

Por tanto, la lucha por la emancipación de las mujeres debe ser la lucha por el socialismo, debe ser la lucha de clases por la destrucción del capitalismo, de los intereses económicos y de la explotación de la clase obrera. Entender la lucha feminista de esta forma es entender, al fin y al cabo, que para acabar con el patriarcado hay que acabar con las condiciones que propiciaron su surgimiento. Es importante comprender esto justamente para focalizar la lucha en un sentido práctico, en una dirección correcta, que permita a las mujeres deshacerse de la opresión en su totalidad. De lo contrario, podemos caer en contentarnos con pequeñas concesiones o reformas que, aunque temporalmente pueden mejorar las condiciones de las mujeres a largo plazo no son más que parches inútiles.

Es cierto que en el capitalismo, en las democracias occidentales, los Estados pueden realizar medidas que aparente y temporalmente de alguna forma palian los efectos del patriarcado, pero lejos de cumplir cualquier función útil para la emancipación de las mujeres, reproducen y regulan un sistema que ha normalizado el asesinato de centenares de mujeres a manos de sus maridos, que somete a muchas otras a enfermedades alimenticias, depresiones, relaciones tóxicas y a un permanente estado de inseguridades y miedos. ¿Acaso queremos esto? ¿Acaso el capitalismo renunciará a todo esto? ¿A los negocios y los beneficios que todo esto supone? No, no lo hará. Estas medidas son insuficientes, y no nos valen.

Los comunistas vemos en estas medidas la mejor forma de lavarse la cara, de engañarnos y exigirnos que nos conformemos, de hacernos pensar que son suficientes y vendernos una igualdad falsa. No son suficientes y no nos valen. Conformarse con todo esto sería olvidarse de todas las mujeres que sufren de primera mano no solo los efectos de un sistema que las explota sin ningún miramiento, sino que además las objetualiza, las sexualiza, las anula y las somete a un estado de presión, competencia e inseguridades continuo. Sería olvidarse de las mujeres que se ven en la miseria obligadas a vender su cuerpo a saber a qué degenerado, sería olvidarse de las mujeres que son violadas, acosadas, sería olvidarse de nuestras hermanas, madres e hijas, camaradas, amigas… sería olvidarse de todas las mujeres, de todas las que en su día a día tienen que hacer frente a una realidad que las invisibiliza, que las somete al ámbito privado y que las desplaza de cualquier actividad con un mínimo de prestigio. Mientras estrenan anuncios denunciando la violencia doméstica representando lo fácil que debería ser salir de ella, educan a las mujeres en la pasividad, la dependencia y el sometimiento, incapaces, por tanto, en la mayoría de casos de plantarle cara a una relación tóxica. Es tan absurdo pensar que estas medidas suponen un cambio notable en la vida de todas estas mujeres.

Claro que limitarse a condenar estas medidas y a charlatanear sobre teoría es absurdo y ridículo, nada tiene que ver con la postura que tomamos los comunistas frente a la cuestión femenina. Es absolutamente imprescindible un análisis correcto, obvio, pero sin duda debe ir acompañado de un trabajo práctico que sirva al empoderamiento real de las mujeres.

El trabajo del partido en cuanto a la cuestión femenina debe ser constante, dirigido a la formación de militantes capaces. Para ello es necesario un análisis de la realidad, definir en qué situación se encuentran las mujeres en la actualidad y en qué dirección debe ir su evolución.

Las comunistas no aceptamos lloriqueos ni derrotismos. Nuestra actitud debe ser ejemplar ante cualquier mujer, hemos de abandonar todas las preocupaciones y actitudes que la sociedad nos hace interiorizar. Las mujeres no estamos en la lucha para ligar ni para que liguen con nosotras. Desde pequeñas nos han enseñado a depender de ajenos, a no tomar decisiones y a que nadie espere de nosotras un discurso teórico elaborado. Las mujeres interiorizamos un rol pasivo, no intervenimos y nos mantenemos al margen, lo que nos valida de cara al exterior es nuestro físico, lo que nos impulsa a preocuparnos en exceso e invertir energías que podríamos focalizar en otros ámbitos. Nuestras capacidades no destacan en una amplia formación, el poco tiempo que le dedicamos y la falta de un ímpetu en este aspecto afectan de forma negativa en nuestra militancia. Somos capaces de realizar trabajo teórico y práctico tan válido como el de cualquier otro militante, pero partimos de una situación distinta, lo que en muchos casos requiere más esfuerzo y constancia. Pero esta realidad no es estática ni eterna, hemos de ser consecuentes y transformar nuestra realidad como mujeres comunistas.

Entendemos la injusticia de este sistema que nos condena a la infelicidad y a los complejos, pero si queremos contribuir a la emancipación femenina, a la emancipación de nuestra clase, entonces, debemos exigirnos disciplina, apoyarnos en camaradas y alcanzar un nivel de trabajo práctico y teórico que sea ejemplar. No reproducir actitudes de desprecio hacia nosotras mismas, hacernos respetar y hacer que respeten a nuestras compañeras, ser un apoyo y un impulso.

De la misma forma, dentro del partido los hombres también tienen un papel fundamental e imprescindible en la cuestión femenina.  Su actitud tanto con mujeres del partido como externas también debe ser ejemplar, acabar con la cosificación continua de las mujeres y ser en este sentido, consecuente con sus principios. Ellos deben conocer, también como sus compañeras, las consecuencias y efectos del patriarcado, caracterizarlo con el objetivo de ser un apoyo real y un impulso para que el partido avance, para que el partido pueda alcanzar las características que le permitan acabar con el capitalismo.

Clara Martínez.

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