Análisis de la guerra imperialista en Ucrania. Extraído de la Revista De Acero 8.

CUÁL DEBE SER LA POSICIÓN MARXISTA-LENINISTA ANTE LAS GUERRAS: ANÁLISIS DE LA GUERRA IMPERIALISTA EN UCRANIA.

 A pesar de la clarividencia que está mostrando la guerra en Ucrania, todavía seguimos encontrándonos a supuestos comunistas, y decimos supuestos, pues estos así se denominan pese a ser los defensores más abnegados y fervorosos fieles de la burguesía monopolista, que justifican la intervención rusa en nombre del antifascismo y de la clase obrera ucraniana y rusa. Nos resulta ya de un nivel tan vergonzoso, que queremos aclarar una vez más, de manera definitiva, el carácter imperialista que tiene este conflicto, arrancándoles  así  la máscara de adalides del comunismo a estos pseudorevolucionarios, a estos fervorosos lacayos y guardianes del imperialismo ruso.

 Obviaremos los argumentos estúpidos e irrisorios de la mayoría de sus defensores,  que se basan principalmente en: “hay antifascistas luchando en la zona del Donbáss, por lo tanto es una lucha antifascista”, “en el gobierno ucraniano hay nazis, por lo tanto es una lucha antifascista” o “E.E.U.U. y Europa matan gente”. Estos  argumentos como podemos apreciar tienen más similitud  a un razonamiento de Forrest Gump (“mi mamá dice…”) que al de un comunista honesto, que a pesar de que pueda cometer errores ideológicos, pretenda analizar desde una perspectiva marxista el conflicto.

 Por ello hemos extraído sus “argumentos estrellas”  de los artículos escritos por sus dos “mejores teóricos”, el “camarada” Arenas y el “ilustrado” Olarieta (lo ponemos entre comillas porque como veremos más tarde, sus argumentos no son mucho mejores que los anteriores).

 Hay que comentar que a pesar de la multitud de artículos que tienen sobre Ucrania es realmente complicado encontrar alguno donde se encuentre algún argumento teórico que merezca la pena analizar. Pedimos perdón por anticipado a nuestros lectores por el uso excesivo de citas suyas, que dañan la vista a cualquiera que se considere comunista y entienda un poco en qué consiste esta teoría científica. Su fin no es más que demostrar a estos revisionistas, de una manera ya totalmente evidente,  que sus argumentaciones son totalmente antimarxistas; segundo, que no intenten justificarse con el hecho de que se ha malentendido sus razonamientos, autojustificando así su nivel más que vergonzoso; tercero, que aunque son considerados por su entorno como los grandes teóricos de nuestro estado, su conocimiento sobre las obras del marxismo-leninismo deja mucho que desear, pues si no, nos resulta incomprensible unas concepciones tan erróneas en conceptos y cuestiones tan elementales, que son conocidas y asimiladas  hasta para un recién  iniciado en el marxismo-leninismo.

 Pero antes de empezar con el análisis de la misma, queremos desarrollar muy brevemente unas cuestiones muy básicas del marxismo-leninismo.

 Primeramente, tenemos que ser conscientes de qué es una guerra. La guerra es la continuación de la política por otros medios, decía el Mayor General, Carl von Clausewitz al que tanto admiraban Marx, Engels y Lenin por su genial capacidad táctico militar. Pero a pesar de su justeza sigue siendo un análisis burgués, que debe complementarse con un análisis de clase. 

 Desde una perspectiva marxista no solo hay que entender  la guerra como  una continuación de la política, sino que hay que analizar las condiciones materiales en las que se desarrolla, es decir, hay que realizar un análisis histórico concreto de cada guerra, atendiendo a las particularidades de la misma, pero teniendo en cuenta su carácter general,  la época histórica en la que se encuentra. Esta es una de las herramientas que nos blinda el materialismo dialéctico, poder estudiar en lo particular lo general.

 Por ello obviar la etapa histórica que nos encontramos, argumentando o justificando una guerra en base a quién ataca primero u otras argumentaciones similares, significa realizar un análisis claramente reaccionario y burgués. No podemos olvidar, si realmente queremos hacer un análisis marxista, que nos encontramos en la fase imperialista del capitalismo y que las contradicciones de esta época, marcan los rasgos o características generales de cualquier guerra que se produzca.

 A su vez, hacer un análisis desde el materialismo dialéctico significa no caer en esquematismo, es decir, en reducir las guerras concretas a un análisis simplista, vago y abstracto  basado en que nos encontramos en la etapa imperialista y que por lo tanto esta guerra es imperialista, análisis que no ven las contradicciones concretas entre las potencias imperialistas que forman parte, o entre las clases en pugna. Estos “análisis” que a menudo nos encontramos, no aportan nada al marxismo ni al movimiento comunista. Simplemente muestran una asimilación nula del marxismo, una capacidad de exponer citas sin ningún sentido, como si el marxismo consistiese en recitar el Credo.

 Tenemos que tener claro que pese a todas las críticas que desde la burguesía recibimos,  los marxista  abogamos por la paz,  pero entendemos  que esta es imposible dentro de los marcos del capitalismo y dentro de cualquier etapa histórica en la que exista la lucha de clases, pues la violencia no deja de ser una herramienta tanto para las clases dominantes (reprimir a la clase dominada), como para las clases oprimidas, a través de la cual derrocan a la clase dominante.

 Debido a esto no somos utópicos y entendemos que la única manera para conseguir la paz es mediante la revolución proletaria por el socialismo, la eliminación de las clases y el paso al comunismo, así apoyaremos toda guerra  que sea progresista, toda aquella que sea en pro de los intereses del proletariado. Teniendo presente la etapa en la que nos encontramos, de una forma muy sintética las guerras que son justas desde la perspectiva del marxismo son:

 

  • Guerra de liberación nacional: en la etapa imperialista, los monopolios bajo la salvaguarda de los estados imperialistas buscan obtener la máxima ganancia posible, subyugando pueblos y naciones enteras. Así el proletariado y las masas explotadas por el capitalismo en los países coloniales, semicoloniales o dependientes sufren una doble explotación, primero por su burguesía nacional y segundo por la burguesía de la potencia imperialista. Esta doble explotación provoca un aumento y recrudecimiento de la lucha de la población de la nación o pueblo dominado contra la potencia imperialista.

 La guerra de liberación nacional es una guerra justa, ya que libera a estas masas del yugo extranjero como debilita los eslabones del imperialismo (no hay que perder de vista el conjunto de los países imperialistas). Las guerras de liberación nacional provocan que existan menos mercados por los que las potencias imperialistas puedan competir, encrudeciendo las contradicciones entre las potencias imperialistas y agravando las condiciones materiales para que se pueda llevar a  cabo la revolución en otros países.  Por último, hay que entender que la revolución no se agota con la fase de liberación nacional, sino que se debe tener en cuenta el carácter ininterrumpido de la teoría de la revolución leninista.

  • Guerra por la revolución democrático-burguesa: la revolución democrático-burguesa es la lucha por acabar con los resquicios feudales existentes en todos los aspectos, es la lucha por las libertades democráticas y propicia las condiciones para poder llevar a cabo la revolución socialista, es en sí misma, una guerra progresista, que acerca al proletariado a su lucha final, a la revolución por el socialismo. Dentro de este tipo de guerra se encuentra la lucha contra la dominación fascista.

 

  • Guerra por el socialismo: la guerra por el socialismo no es ni más ni menos que la revolución proletaria, la lucha por constituir la dictadura del proletariado, por derrocar a la burguesía y suprimir la explotación del hombre por el hombre. No hace falta argumentar que apoyamos la guerra civil revolucionaria y la necesidad legítima del uso de la violencia por parte del proletariado.

 

 

  • Guerra en defensa de la patria socialista: en épocas en las que existan países socialistas, su defensa ante los ataques de las potencias imperialistas es un hecho obvio y fundamental para todo comunista. El ejemplo de la Gran Guerra Patria evidencia la justeza de las mismas.

 

 Esta postura, en el plano teórico la reconocen muchos de los que se autodenominan comunistas. El problema surge cuando nos encontramos ante una guerra concreta, entonces todos ellos se quitan la careta y defienden y justifican guerras imperialistas  utilizando frases y consignas revolucionarias, citas mutiladas, argumentos totalmente absurdos y un populismo de lo más rancio.

 Este hecho que a primera vista parece puramente causal, por falta de entendimiento de la teoría del marxismo, no lo es. A lo largo de la historia del movimiento obrero, se ha evidenciado que en las épocas de guerras, muchos de aquellos que se denominaban revolucionarios, han defendido como sus perros más leales los intereses de la burguesía monopolística. Podemos poner de ejemplo a los partidos y líderes de la II Internacional y sus descendientes en la férrea ultranza de la defensa de los intereses de su burguesía monopolística en la I y II Guerra Mundial. El ejemplo de los partidos pro Rusia socialimperialista y la defensa de las más viles agresiones que realizó en más de medio mundo, o por el contrario los partidos maoístas y la defensa de la política imperialista de la china de Mao Tse Tung, la defensa de los partidos eurocomunistas de los intereses de sus potencias y sus aliados con el apoyo a la OTAN y a sus continuas agresiones. Y el caso de los partidos revisionistas actuales que a pesar de que tomen dos caras distintas, el pacifismo burgués o la defensa de una potencia supuestamente antiimperialista, realizan la misma labor, la de defensa del imperialismo.

 El análisis de estos hechos históricos, nos demuestra que estos hechos responden a una necesidad, son el  fruto de las condiciones materiales en la que nos encontramos, de la lucha de clases cruenta que existe dentro del imperialismo, y cómo las corrientes burguesas revisionistas se adentran dentro del movimiento obrero con el fin de dividir a nuestra clase.

 

 

 

LA GUERRA IMPERIALISTA EN UCRANIA. LA JUSTIFICACIÓN DEL PC(r)

 El PC (r) junto a  sus colectivos y organizaciones aledañas, afirman que la guerra que están librando las “repúblicas populares” del Donbáss y Lugansk son una revolución, una guerra civil en palabras de Olarieta. Analizando sus textos podemos extraer los motivos por los que defienden al imperialismo ruso. He aquí sus argumentos:

1) Ucrania era un país independiente que ha sido atacado por EE.UU; 2)  Rusia no es una potencia imperialista, la relación que tiene Rusia con Ucrania es una relación fraternal, por su pasado histórico común; 3) el objetivo real que persigue EE.UU es un ataque a Rusia  para convertirla en un país dependiente.

 Como conclusión de todo ello, extraen que la guerra de “las repúblicas populares” es una guerra antiimperialista y la participación de Rusia, no es por la avidez de su burguesía de extraer la máxima ganancia, sino que es una guerra defensiva por su independencia y a la vez de apoyo a un país hermano, convirtiéndose así Rusia en el principal garante de la lucha antiimperialista.

 Ante todos estos argumentos, que aunque son francamente ridículos, son los más serios que se pueden encontrar, vamos a proceder a  refutarlos primeramente por separado, para después poder realizar un análisis en  su conjunto.

  1. I) UCRANIA ANTES DEL MAIDÁN ERA UN PAÍS INDEPENDIENTE.

 Su argumentación es la siguiente. Es EEUU a través de los partidos reaccionarios ucranianos y las potencias europeas quien ha atacado a la soberanía e independencia de Ucrania. Para ellos,  no es verdad que Ucrania tuviese una relación de dependencia, es decir, que se encontrase explotada por Rusia, sino que era una colaboración fraternal entre países capitalistas, por su historia común. Ucrania no era dependiente de Rusia porque no estaba ocupada militarmente.

 En el siguiente apartado analizaremos si Rusia es realmente una potencia imperialista o no.

 

“El Estado ruso a no intervenir (al menos directamente y mientras no sea atacado su territorio) en Ucrania. Se trata, apenas si hace falta decirlo, del reconocimiento y respeto de Ucrania como país soberano e independiente. Precisamente, esta es la línea que separa a un país imperialista, como los EEUU, de otro como Rusia, que no lo es”1.

 Entendemos que estos “señores” que hacen alarde  de ser  profundos conocedores del marxismo saben una de las cuestiones más básicas y elementales de la teoría del imperialismo de Lenin, la dependencia de un país no es solamente militar sino que por el contrario su rasgo fundamental, aquello que determina si existe una relación de dependencia o no, es la relación económica. Es decir, pueden y existen países políticamente independientes pero económicamente dominados por potencias. Lenin los calificaba como países semicoloniales. Por lo tanto, su principal y valedor argumento en pro de la independencia ucraniana es totalmente ridículo (primer gran error de estos “grandes teóricos”). Una vez aclarado esto, continuamos.

 Su segundo argumento es que Ucrania no puede ser un país dependiente de Rusia porque sus relaciones “fraternales” van mucho más allá de la economía. Es decir, existe algo más importante que la economía, que la base, y ello es la relación fraternal que tienen estos estados. Aquí la vergonzosa cita:

 “Cualquiera que sea su régimen social, Ucrania ha demostrado que está, quiere estar y estará siempre ligado a Rusia por lazos que van mucho más allá de la economía y de la geoestrategia y que el imperialismo se esfuerza por romper”2.

 Este segundo motivo, es ya propio de mentes delirantes.

 Otra de las cuestiones fundamentales que cualquier marxista sabe es que aquello que marca las relaciones entre dos estados capitalistas (y ellos aceptan que tanto Ucrania como Rusia son capitalistas), es la economía, la búsqueda de la máxima ganancia de los monopolios que defienden. Nos resulta totalmente ridículo que alguien que se denomine marxista pueda afirmar que la relación fraternal (conciencia social), prima por encima de la máxima ganancia y  del modo de producción en el que se encuentran (ser social). Ni siquiera entienden, o eso es lo que demuestran,  lo más sencillo del materialismo histórico,  no es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, es su ser el que determina su conciencia.

 El hablar de que existen motivos o cuestiones que puedan superar a la avidez de ganancia para establecer relaciones entre países capitalistas, repito, capitalistas, es negar las leyes objetivas del capitalismo descritas por Marx y Lenin, y sobre todo es de un idealismo filosófico de lo más ridículo.

 Ese lazo cultural que se sigue fomentando y que se lleva fomentando desde la caída del socialismo tras el XX Congreso, no es la fraternal colaboración entre pueblos, que únicamente se puede llevar a cabo en el socialismo (base material), pues esa base ha sido eliminada, sino que son los intereses económicos entre una potencia capitalista rusa, que se apoya en el  pasado histórico común que tienen, no desde la época de la URSS sino desde que eran una colonia del imperio zarista, con el fin de justificar y enmascarar de la manera más ruin y oportunista, la explotación de la burguesía monopolística rusa y las migajas que esta da a la burguesía ucraniana (segundo gran error de estos “grandes teóricos”).

Viendo ya lo absurdo de estos argumentos solamente nos queda ver porqué realmente Ucrania era un país dependiente de Rusia (intentaremos explicarlo lo más sencillo posible, sin ahondar en muchos datos y tecnicismos económicos).

 Durante la época de la Unión Soviética revisionista, no hay ninguna duda al respecto en que el principal país que exportaba a Ucrania era la Unión Soviética, al igual que este era su principal comprador de  productos, controlando de esta manera junto con las inversiones de capital que realizaba bajo la máscara de una ayuda fraternal, prácticamente todas las ramas de la economía del país. Tal es así que tras la caída de la Unión Soviética, Ucrania sufre una de sus mayores crisis económicas, destruyendo a ritmos acelerados su industria, es decir, la que era su principal rama económica.

 Tras su estabilización, Rusia desde los primeros años del presente siglo, intenta recuperar todos los mercados y colonias en los que había perdido cierta influencia, y uno de ellos es Ucrania. El factor clave de la economía ucraniana es que en su territorio se encuentran los gaseoductos mediante los cuales Rusia suministra cerca del 30% del gas natural que consumen los países europeos. A su vez más del 60% del gas que consume Ucrania proviene de Rusia. Rusia hasta antes del Maidán (aunque actualmente sigue siéndolo pero en un grado menor) era el mayor exportador e importador de Ucrania con una diferencia abismal con el resto de sus competidores. Por otra parte, el resto de países de la Unión Aduanera (Bielorrusia, Kazajistán, es decir, las semicolonias rusas)  eran junto con Rusia, y con una diferencia abrumadora, los principales “socios comerciales y financieros” de Ucrania.

 Todos estos datos, demuestran que Rusia, o para ser más exactos los monopolios rusos, controlaban directa o indirectamente, a través de sus filiales en sus semicolonias, las principales ramas de la economía ucraniana, y por ende la dirección del país, aunque por mal que les pese no estuviese ocupada militarmente.

 Los datos reflejan lo que no es más que una evidencia, que Ucrania era un país semidependiente de los monopolios rusos. La pérdida de esta semicolonia significa para estos, perder las ganancias extraídas de los gaseoductos de gas, perder las ganancias de los préstamos financieros que habían dado los bancos rusos a las principales ramas del país y el estado y perder un mercado donde vendía gran parte de sus mercancías y donde podía extraer mercancías a un bajo precio. Pero como dice el refrán: no hay peor ciego que el que no quiere ver.

 

  1. II) RUSIA NO ES UNA POTENCIA IMPERIALISTA.

 Su segundo argumento para justificar esta guerra imperialista es el hecho de que Rusia no es una potencia imperialista, afirmando que lo que convierte a un país en potencia imperialista son las invasiones militares (observar la primera  cita).

 Con estos argumentos, lo único que demuestran no es que Rusia no es imperialista sino que su estupidez no tiene límites. En pro de este argumento, véase aquí lo que decía Lenin al respecto: 

“Saber si un hecho es puramente económico o militar es una cuestión secundaria. Sustituir la cuestión del contenido de lucha y de las transacciones entre los grupos capitalistas por la cuestión de la forma de esta lucha y estas transacciones (hoy pacífica, mañana no pacífica, significa descender al nivel de sofista”.3.

 Como podemos ver, y no somos nosotros los que lo afirmamos sino el mismo Lenin, afirmar que un país o una política es imperialista o no, por el simple hecho de si ha realizado una invasión militar o no, es caer al nivel de sofista (lo que nosotros reafirmamos). Para saber si un país es imperialista hay que atender a su capital, a la relación que tiene este sobre el capital de otros países, si controla de dicha manera las principales ramas o las más importantes de su economía. Si existe de esta manera una relación de dominación por parte de los monopolios, resulta más que evidente que nos encontramos ante un país imperialista. La forma de dominación (“pacífica”  o militar) es secundaria, lo importante desde la perspectiva marxista es su carácter. He ahí la cuestión fundamental que no saben diferenciar (tercer gran error de estos “grandes teóricos”).

 Para seguir reafirmándose en que es imposible que Rusia sea una potencia imperialista, “estos señores” hacen gala de su pobre palabrería, afirmando que Rusia no puede ser una potencia imperialista por su pasado socialista y por el hecho de que nunca ha desencadenado una guerra imperialista.

“Pero Rusia no ha desatado ninguna guerra imperialista de agresión (de exterminio de poblaciones enteras y de saqueos y destrucciones de enormes proporciones), ni ha sido derrotada en el plano militar por los EEUU ni por ningún otro Estado imperialista. Lejos de eso, como es bien sabido, fue el baluarte de la resistencia antifascista en todo el mundo y la que más sacrificios hizo para la derrota del enemigo común; de manera que todo eso le ha permitido ocupar un destacado puesto de honor entre todas las naciones y conservar el legado histórico, moral y la fuerza militar suficiente para hacerse respetar y resistir la agresión de los nuevos nazis, al mismo tiempo que trata de preservar su influencia en algunas áreas geoestratégicas de gran interés para su defensa y desarrollo.”4.

 Como vemos, siguen esforzándose por superar el culmen del absurdo. ¿Cómo puede honestamente afirmar un marxista, que por que la Unión Soviética fue un país socialista, ahora que es un país capitalista, en ningún modo puede ser una potencia imperialista? ¿De verdad creen que estos argumentos poseen alguna seriedad y credibilidad?  ¿Qué tiene que ver un estado socialista con un país capitalista por mucho que ocupen el mismo territorio? ¿Acaso un país capitalista no defiende los intereses de su burguesía? ¿Cómo pueden afirmar estos señores que existe capitalismo en Rusia (base) pero sin embargo, su gobierno, su amado Putin y Cía (superestructura), no defienden los intereses de sus monopolios más allá de sus fronteras? ¿Cómo puede pesar el legado histórico y moral, que no es más que una idea, más que las condiciones materiales, el interés por las ganancias? ¿Es acaso Rusia la excepción en la que el estado no es una herramienta de dominación de una clase sobre otra y por lo tanto no representa y defiende sus intereses? Realmente ridículo (cuarto gran error de estos “grandes teóricos”).

 Junto a los anteriores argumentos, parece ser que han “desarrollado” el marxismo con la  “innovadora” idea sobre las contradicciones en el capitalismo que aplican en Rusia. Veamos:

“En tanto que en Rusia, las condiciones son radicalmente diferentes; dado que allí lo que predomina en estos momentos es la contradicción que enfrenta al conjunto de la sociedad y al Estado con el imperialismo de los EEUU principalmente, el cual está de nuevo intentando cercarla y agredirla a fin de despedazarla y repartirse sus despojos, tal como ya ha sucedido en lo que fuera la Federación Yugoeslava, en Irak, Libia, etc. La clase obrera y los comunistas de todos los países no debemos dudar ni un solo instante en prestar toda la ayuda fraternal y el apoyo internacionalista que podamos, con el convencimiento de estar defendiendo una causa justa y seguros de la victoria.” 5.

 Ahora estos “grandes teóricos” han descubierto una nueva contradicción, una contradicción que puede ser la principal en algunos países, claramente no nos explican por qué puede ser en algunos países sí y en otros no, quizá para sus mentes cortas ello sea demasiado.

 Realmente es asombroso  que puedan afirmar que para Rusia, que es un país capitalista, su contradicción principal es la que enfrenta a este país (en su conjunto como vemos, sin distinción entre clases) con una potencia imperialista. Sinceramente, les recomendamos que hagan un esfuerzo y lean, aunque sea por primera vez a Marx, Engels, Lenin o Stalin, y vean que la contradicción principal en el capitalismo, es la contradicción entre capital y trabajo asalariado, y que en base a ella pueden surgir contradicciones secundarias, como las que surgen entre potencias imperialistas. Así podrán observar de primera mano, que afirmar que la contradicción principal de Rusia es entre el país entero y otra potencia imperialista, es un absurdo, es revisionismo del rancio al más puro estilo de la II internacional (quinto gran error de estos “grandes teóricos”).

 Por más que les pese, los principales monopolios rusos se han puesto en marcha para recuperar todos los mercados y las ganancias derivadas de estos, que perdieron tras la caída del bloque soviético, y así su estado, con su enarbolado Putin a la cabeza, se han puesto el traje de guerra en pro de la defensa de sus verdaderos dueños, los magnates del capital ruso.

 Sus intereses monopolísticos se extienden principalmente a tres zonas, primeramente a lo que fueron antiguas repúblicas soviéticas, tanto en Asia central como en las más próximas a Europa, lo que encubren con un chovinismo de lo más rancio afirmando en palabras de Putin, que los rusos son una nación dividida por las fronteras postsoviéticas. Un discurso que a pesar del tiempo es idéntico al del imperio zarista; segundo, los países de Oriente próximos que fueron semicolonias en la etapa socialimperialista de la URSS; y tercero, el nuevo Banco Mundial para el Desarrollo, con el que pretende junto a China, conseguir territorios que son dependientes o semicoloniales del imperialismo estadounidense o del bloque imperialista Europeo.

 En Asia Central, los monopolios rusos dominan todos aquellos territorios que fueron repúblicas soviéticas (Kazajistán, Uzbekistán, Kirguistán, Turkmenistán y Tayikistán), solamente existe un imperialismo que también tenga una influencia notable en ese territorio, y este es China.  

 Estos territorios son claves para los monopolios petroleros y energéticos  rusos;  Lukoil, Rosneft o la conocida Gazprom, por sus reservas de gas cerca del mar Caspio, por su importancia para el paso de gaseoductos, o como  es el caso de algunos de estos países dependientes, por sus reservas de uranio. Rusia es el mayor  “socio comercial” de estos países, lo que significa que son un mercado donde los monopolios rusos venden sus mercancías y controlan las principales ramas económicas, a través de inversión de capitales en empresas “mixtas” como en el caso Kazajistán con las empresas eléctricas, o siendo los máximos accionistas, como el caso de Kirguistán y sus empresas automovilísticas y alimenticias.

 El estado ruso, como no podía ser  de otra manera protege estos intereses, y prueba de ello son los tratados y organizaciones militares que Rusia ha desarrollado en esta zona. Una de ellas ha sido la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, con la que prohíbe al resto de países que otras potencias extranjeras tengan bases militares en sus territorios, y obliga en caso de guerra, a que estos países semicoloniales participen a su lado. El otro claro ejemplo es la Organización de Cooperación de Shanghái, donde junto a su hermano imperialista, China, refuerzan su dominación sobre este territorio.

 En las antiguas Repúblicas del este de Europa y del sur del Cáucaso, Rusia compite con el imperialismo europeo y con el imperialismo norteamericano por la expoliación de estos territorios, el caso más claro es el ucraniano, pero también encontramos Moldavia, Bielorrusia, Georgia o Armenia.

 En Oriente Medio (Libia, Irak, Siria, Egipto, Yemen…) vemos cómo Rusia y los bloques imperialistas europeo y de EEUU, están librando en los últimos años guerras de rapiña, que dejan centenares de miles de muertos, principalmente por las ganancias que se obtienen de los recursos energéticos  y por el control de un mercado de cientos de millones de personas, que les permita seguir desarrollando su producción y aumentando sus ganancias.

 Por último, lo que demuestra la fuerza que está adquiriendo el bloque chino-ruso, capaz de desafiar de tú a tú al bloque EEUU, es la creación de un nuevo Banco del Desarrollo, al más puro estilo FMI, con el que pretender arrebatarles principalmente bastas zonas de América latina y África, convirtiéndose en el principal bloque imperialista; y por otra parte, las negociaciones en las que se encuentran para la  creación de una organización militar, al estilo de la OTAN, que defienda los intereses de este bloque imperialista y sus socios en cualquier lugar del mundo.

 Los prorrusos y compañía cada vez que EEUU y Europa llevan a cabo una anexión o una intervención militar, se llevan las manos a la cabeza, gritan al cielo la maldad del imperialismo “occidental”, desempolvan sus banderas rojas e intentan de la manera más  oportunista  presentar a Rusia como la salvadora del mundo, como el imperialismo menos malo que jamás haría tales monstruosidades. Pero, ¿qué es acaso la anexión de Crimea, sino la anexión de un territorio por su importancia para los monopolios rusos? ¿Qué ocurrió en Chechenia? ¿De verdad estos señores van a defender que la guerra que libró Rusia fue una lucha contra el terrorismo? ¿Acaso no es una vieja excusa, que utiliza también el imperialismo norteamericano, y que estos señores nos  repiten una y otra vez, que detrás de ello no hay más que una invasión imperialista? ¿No será que Chechenia tenía una importancia fundamental pues era la única vía para sacar al mercado el petróleo azerí a través del oleoducto Bakú-Novorrossik, y la independencia podría suponer un problema para su control? ¿Qué tienen que decir de la intervención militar en Georgia y la anexión de Abjasia y Osetia del Sur? ¿No les pareció cruel la táctica de la tierra quemada que llevó a cabo Rusia en esta guerra? ¿No se quejan estos señores de los continuos bloqueos económicos que realiza EEUU? ¿Qué pueden decirnos entonces de los bloqueos económicos a Georgia o Ucrania?

 La realidad se encarga de demostrar que sus consignas del imperialismo bueno, el imperialismo antiimperilista, o el imperialismo pacífico no son más que necedades. No existe ningún imperialismo de tal manera. Estos utilizan los métodos que hagan falta para sus intereses, según la correlación de fuerzas y según su necesidad. Si Rusia no ha realizado tantas anexiones, no tiene tantos territorios semicoloniales o ha perdido influencia en alguno de ellos, o no tiene tantas bases militares como el imperialismo estadounidense, se debe la debilitación del mismo tras la caída del bloque soviético.  Pero solamente un necio no ve que el imperialismo ruso ha rejuvenecido durante la primera década de este siglo, que ha ido recuperando el control en las antiguas repúblicas ex soviéticas, y que junto al imperialismo chino van a “pedir” un reparto más “justo” que corresponda a la capacidad económica y militar que tiene este bloque.

 

 No pretendíamos hacer un análisis del imperialismo ruso pero sí era necesario demostrar, aunque sea brevemente, que la realidad  muestra indiscutiblemente el carácter imperialista de Rusia y así, que al afirmar  que Rusia no puede ser una potencia imperialista por su legado histórico y por la supuesta contradicción principal y originalísima que existe en Rusia, entran en una contradicción indisoluble, se sitúan entre la espada y la pared, entre su supuesta apariencia marxista y lo que realmente son, los lacayos y defensores del imperialismo ruso.

 

 

 

III) EL OBJETIVO DE LOS EEUU NO ES SOLO UCRANIA, SINO QUE ES DESTRUIR RUSIA.

 

 Como vemos en la anterior cita, para ellos la guerra de Ucrania es un ataque a Rusia por parte de EEUU y Europa para cercarla y agredirla a fin de despedazarla y repartirse sus despojos, tal como ya ha sucedido en lo que fuera la Federación Yugoeslava, en Irak, Libia, etc. y esto es totalmente cierto, es una guerra de rapiña en la que unas potencias intentan arrebatar el dominio sobre unos territorios a otra potencia. Lo que no se dan cuenta, es que afirmando que EEUU y Europa pretenden quitar la influencia que Rusia tiene sobre estos territorios, están afirmando lo que niegan directamente, que Rusia es una potencia imperialista. Como se ve ni siquiera son capaces de mantener un mínimo de coherencia.

 Su defensa de que es una guerra justa se basa en que Europa y EEUU son las potencias que han atacado primero, sobre los dominios semincoloniales de la otra potencia, y por ende es una guerra justa, llegando a afirmar que no se puede comparar a la potencia agredida con la potencia que agrede. Aquí sus argumentos:

“No es necesario apelar al leninismo sino a la decencia humana para no admitir -bajo ningún concepto- que los agresores se pongan al mismo nivel que los agredidos. Ante un acoso sexual no se puede medir al agresor y al agredido por el mismo rasero; ante un acoso militar, económico, político y mediático tampoco. ¿Verdad que es obvio? Pues los trotskistas no se quieren enterar. ” 6.

 Vamos a obviar la ruin y asquerosa comparación de la defensa de una potencia imperialista con la defensa de una mujer acosada sexualmente,  que no merece más que un desprecio absoluto, y que muestra realmente su posición sobre la cuestión de la mujer, y hasta qué límite llegan los perros del imperialismo ruso por defender a sus dueños.

 Pero como a estos “señores” les gusta el populismo rancio y vergonzoso, el de comparar la guerra entre dos potencias con un acoso sexual, se lo explicaremos de manera sencilla en palabras de Lenin:

“Pero imagínese que un propietario de cien esclavos hace la guerra a otro que posee doscientos por llegar a una distribución más “equitativa” de los esclavos. Es evidente que emplear en este caso el concepto de guerra “defensiva” o de “defensa de la patria” sería falsificar la historia y, en la práctica, equivaldría pura y simplemente a un engaño de la gente sencilla, de los pequeños burgueses y de los ignorantes por hábiles esclavistas. Pues bien, precisamente así engaña hoy la burguesía imperialista a los pueblos, valiéndose de la ideología “nacional” y de la idea de defensa de la patria, en la guerra actual que los esclavistas libran entre sí para consolidar y reforzar la esclavitud.” 7. 

 Ahora cambiemos el primer propietario por EEUU, el segundo por Rusia, y admitamos  para ajustarnos a la realidad que Rusia tiene menos esclavos que EE.UU, y que en vez de una distribución “más equitativa” quiere tener una hegemonía mayor que Rusia. ¿Qué queda? LA RESPUESTA ES BIEN SENCILLA: un esclavista intentando usurar a otro. Y ante ello,  ¿qué postura debemos tomar los comunistas:  la defensa del esclavista menos fuerte o la defensa de los esclavos? ¿Qué postura debe tener un comunista: la defensa del imperialismo ruso, o el apoyo al pueblo ucraniano para que haga una revolución contra las dos potencias que intentan dominarlo? Así de sencilla es la cuestión señores.

 Como vemos Olarieta y Arenas utilizan argumentos similares a los  que utilizaba Kaustky en la defensa de Alemania en la IGM, como promueven al igual que él la defensa de las colonias e intereses de la potencia imperialista, por el simple hecho de que no han sido estos quienes han empezado el conflicto militar.

 Es gracioso ver cómo hablan de la patria Rusia, cómo no dan un concepto de clase cuando hablan de Rusia, cómo omiten que a quien ataca EEUU no es a los intereses de la clase obrera rusa ni ucraniana, sino a los de sus burguesías, cómo centran la mira de la clase obrera rusa como si su enemigo no fuese el capital que les oprime, sino el que en caso de que venciese al capital que les oprime, les puede oprimir.

 

 Comparar la defensa de los intereses de la potencia imperialista rusa con la defensa de la patria socialista, que hemos explicado al principio del artículo, significa que estos “señores” no entienden o no quieren entender que la cuestión de la defensa de la patria socialista no es la defensa por un territorio, sino que es la defensa de la patria en la que no existe explotación del hombre por el hombre, es la defensa del socialismo. La defensa que ellos hacen de Rusia es la defensa de un país imperialista, es la defensa de los intereses monopolísticos rusos. Al aceptar que Rusia es un país capitalista, no pueden más que aceptar que los intereses que este defiende son los intereses de su burguesía, y todos los argumentos con los que intentan justificar que el estado ruso no los defiende, como los que hemos expuesto anteriormente, son tan absurdos, rozan tanto el infantilismo, que deberían avergonzase de su publicación.

 Parece ser que a estos grandes teóricos se les ha olvidado incorporar a su plan de estudios las obras de Lenin sobre el imperialismo, pero no se deben preocupar; como ven, les podemos explicar las cosas la mar de sencillas para que las entiendan (sexto gran error de estos “grandes teóricos”).

 

 

 

EL CONFLICTO UCRANIANO: UNA GUERRA DE RAPIÑA ENTRE POTENCIAS IMPERIALISTAS.

 Una vez desmontados los argumentos de estos lacayos del imperialismo ruso, arrancándoles así su careta de revolucionarios, solo nos queda explicar de manera breve qué ocurre realmente en Ucrania.

 El conflicto ucraniano surge del interés del imperialismo europeo, con Alemania a la cabeza, y de EEUU de extender su yugo de explotación a las antiguas repúblicas ex soviéticas, donde Ucrania juega un papel clave para la burguesía europea por sus gaseoductos y su situación estratégica. Para ello Europa no tuvo duda en conceder créditos e invertir capital en las empresas y en el estado ucraniano, camuflándolo con la imagen de baluarte de la “democratización de Europa del este”. Aprovechó el descontento de una parte de la población con el gobierno de Yanukovich, y las contradicciones entre la burguesía ucraniana para dar un golpe de estado, conocido como el Maidán, con el objetivo de expoliar este territorio al otro imperialismo, sin importarle, una vez más, la financiación de partidos fascistas.

 Ante ello Rusia, temerosa de que los otros bloques pudiesen arrebatarle una de las semicolonias que más ganancias proporcionan a sus principales monopolios, en especial Gazprom, y por la importancia estratégica de Ucrania para la defensa militar de su territorio y de sus semicolonias, no ha tenido reparo ninguno en hacer gala de su fuerza militar para defender a su burguesía anexionándose una parte del territorio, la península de Crimea.

 Por mucho que lo pretendan ocultar y embellecer con otros matices, el conflicto ucraniano no es más que una guerra de rapiña, en la que los principales bloques imperialistas se reparten el mundo en su avidez por la búsqueda de la máxima ganancia. El imperialismo vuelve a demostrar en Ucrania su carácter exterminador, rapaz y explotador de la mayoría de la población mundial.

 Como comunistas nuestro deber es desenmascarar los intereses reales de las potencias imperialistas que se esconden tras esta guerra. Así como a todos aquellos supuestos partidos y organizaciones comunistas, que a base de argumentos absurdos defienden los intereses de uno u otro bloque. Y a pesar de las acusaciones vertidas por el PC (r)  y otros partidos revisionistas contra nosotros, no nos limpiamos las manos sino que al revés,  analizaremos siempre correctamente el carácter de clase de las guerras, abogando no por el apoyo de ninguno de los dos bloques,  sino aprovechando las contradicciones entre estos para la creación de un foco revolucionario que convierta la guerra imperialista en una guerra de liberación nacional, pero no solo contra el imperialismo de EEUU y europeo, sino también contra el bloque ruso.  Siguiendo así las enseñanzas de Lenin:

“No corresponde a los socialistas ayudar a un bandido más joven y vigoroso (Alemania) a desvalijar a otros bandidos más viejos y más cebados. Lo que deben hacer los socialistas es aprovechar la guerra que se hacen los bandidos para derrocar a todos ellos. Para esto, es preciso ante todo que los socialistas digan al pueblo la verdad, a saber, que esta guerra es, en un triple sentido, una guerra entre esclavistas para reforzar la esclavitud”. 8

Julio Moreno

Abril 2017

 

 

Bibliografía:

  1. ¿Sigue actualmente Rusia una política de expansión imperialista?. Arenas
  2. Las contradicciones interimperialistas en el Donbáss. Olarieta.
  3. Imperialismo fase superior del capitalismo. Lenin.
  4. ¿Sigue actualmente Rusia una política de expansión imperialista? Arenas.
  5. Ibídem.
  6. Las contradicciones interimperialistas en el Donbáss. Olarieta.
  7. El socialismo y la Guerra. Lenin.
  8. Ibídem.
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